¿Qué me hace falta para llamarme poeta? Tal vez me falta abrirme el pecho cada mañana y sangrar hasta regarme en mi cama; desangrarme hasta levantarme vacía y llenarme sola a lo largo del día.
O tal vez me hace falta llorar manantiales verdes que fueron baba de algún romance fallido, dispuesto a volverse parte de olvidos.
Me hará falta acaso reírme, siempre hace falta reírse, reír por los dientes y el corazón y las encías.
¿En qué momento se tiene el derecho de ser poeta? ¿Será acaso cuando escribes la primera letra? O será cuando te comes el cuento como te comes el papel y la pena.
¿Será acaso cuando se escribe la primera vez por amor? Porque el odio me invade de a ratos y me rasca lento el pudor.
¿Cómo sabré yo si algún día mis escritos blandos ablandarán también a un ser de solidez dolorosa?
Y si me olvido de mí ¿Qué sería de esto?
Si yo sé que mi ignorancia será eterna ¿Con qué derecho me llamaría yo poeta?
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