¿En qué momento una se levanta un día y asume su papel de mujer en el mundo? Me parece curioso ya no poder recordar con exactitud cómo era mi cuerpo de niña, ahora para mí cada día está medido según mis hormonas y qué tan cerca estoy del periodo, si me siento muy triste es que seguramente me va a llegar; si me siento feliz es que estoy ovulando, reviso el calendario y efectivamente es ese día del ciclo en el que se esperaría que este sea el estado de ánimo y la energía. Eso me parece muy agotador, toda mi vida estaré expuesta a los cambios de mi ciclo (súmale a eso las cosas que suceden alrededor cada día y posibles traumas de infancia).
Curiosamente en mi fase lútea me siento muy cómoda para escribir, me vuelvo reflexiva y todo lo que veo o lo que escucho es un motivo para reflexionar o dibujar, y también lloro un montón, incluso más que cuando tengo el periodo, me siento sensible física y emocionalmente y me dan ganas de encerrarme en mi mundo para siempre. Así ha sido esta semana, con la diferencia de que he perdido un poco el tiempo (4 horas diarias aproximadamente) jugando videojuegos, me gusta mucho jugar aunque no sea muy buena, pero mis tardes se han convertido únicamente en eso y ya me duelen la espalda y los ojos, a veces se me olvida mirar por el balcón y darme cuenta de que el sol hoy está como más me gusta y que ningún día se va a repetir jamás. Creo que por eso mismo estoy escribiendo, me levanté de la cama hace rato después de estar todo el día jugando solo porque me picaban los dedos y necesitaba calmarme de esta forma, no tenía muy claro de qué hablar pero quería escribir algo. Cuando me canso de jugar (generalmente me pasa esto a las 7 de la noche) me pongo a leer, esta semana me llegó una tablet que había comprado hace días y la he aprovechado para desaprovecharme y también para la lectura antes de dormir, justo ahora me estoy leyendo La mujer incierta de Piedad Bonnett, un libro que me mencionó mi amiga más querida. Apenas lo empecé a leer me sentí profundamente identificada incluso en cosas que no he vivido, en cierta parte del libro (no lo he terminado) la autora habla sobre la maternidad, claramente no he sido madre pero he estado al cuidado de bebés y eso despertó por siempre mi sentido maternal, para mí cuidar un bebé no es algo doloroso, más aún si al bebé ya se le tiene un cariño, recuerdo que los días en los que cuidé a mi primo me quedaba horas viéndolo dormir, viendo como se movía torpemente para estirarse o acomodarse según le fuese más cómodo, y apenas se despertaba ya estaba yo poniéndolo entre mis manos por si necesitaba algo, si lloraba lo consolaba con un amor que nunca antes había sentido y me creía lista para cuidar a todos los bebés del mundo. Mi papá a veces llegaba y lo cargaba con entusiasmo, aunque mi primo no es familia de sangre para él, a mi papá se le notaba el amor también, me imaginaba yo siendo la que era cargada y a él mimándome, como en algún momento del inicio de mi vida fue. También veía a mi mamá cuidarlo, ella fue la que me enseñó cómo debía tratarlo, qué era lo que tenía que hacer cuando lloraba, como bañarlo y cambiarle la ropa y los pañales y arrullarlo cuando quisiera dormir, en los momentos donde ya mis manos de primípara en la crianza no alcanzaban, mi mamá me ayudaba para lo que necesitaba, no siempre lograba entender lo que mi primo quería, pero ella, en cambio, podía dominar perfectamente cualquier molestia o necesidad del bebé, entonces otra vez me dedicaba por completo a observar hasta que él se calmaba y nuevamente mi mamá me lo entregaba ya domado. La madre de mi primo llegaba luego por él, recuerdo cuando llegaba de estudiar, aún con el uniforme, sacándose el pecho para darle de comer porque ella sentía que la leche le bajaba y eso significaba que el niño tenía hambre, eso no lo comprendo, es una sensación que cuando la escucho me resultaba hasta desagradable pero a la vez mágica: la conexión que tiene un hijo con su madre es la primer cosa que un humano adquiere al llegar al mundo y es lo más corto. A pesar de que con mi mamá he tenido tantos problemas desde inicios de mi adolescencia, lo primero que pienso cuando me siento muy triste es en un abrazo de ella, sin que se dé cuenta de qué es lo que me aqueja porque no quiero que empiece con interrogatorios, voy hasta donde está y la abrazo, no es algo que ocurra muy a menudo (supongo que con el tiempo se olvida gran parte de esa conexión) pero cuando ocurre siempre me siento mejor, me recuerdo a mí misma de niña en medio de mis llantos porque me caí o porque alguien me dijo que era fea.
Ser maternal es algo que posiblemente me acompañe siempre, cuando a alguien que quiero le sucede algo, lo primero que pienso es darle un abrazo y recostar su cabeza en mi pecho, no sé si es por la forma en la que toda mi vida mi mamá y mi abuela me abrazaron que terminé adquiriéndolo, pero es mi forma más cariñosa de dar un abrazo, no solo por el corazón sino por los pechos, es un acto inconsciente pero siempre lo hago cuando pasa algo malo. La mayoría de los actos de cuidado a los demás, que parecen lo que cualquier persona haría por cariño, siento que lo hago desde la maternidad, y sé que a mí no se me nota pero me siento a veces como cuando cuidaba a mi primo, ese deseo del bien del otro, de estar siempre pendiente de si hay alguna cosa que le aqueje, que le incomode, algún mal que necesite sacarse y no pueda por su propia cuenta.