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miércoles, 20 de mayo de 2026

El minimalismo ganó?

Hace varios días estaba en la tablet dibujando cuando decidí colocar música para hacer mi dibujo un poco más inspirada, entonces abrí Spotify y me di cuenta de que habían cambiado el ícono, supuse que era porque la aplicación estaba de aniversario pero me encantó la idea de que se quedara así, que en medio de los íconos minimalistas de las aplicaciones que hay en mi tablet hubiese uno diferente... Sin embargo, no todo el mundo pensó así. Ese mismo día, unas horas más tarde le comenté este cambio en la aplicación a varios de mis amigos y todos dijeron lo mismo, que era horrible y no debieron cambiarlo, que le hicieron un daño a la imagen de Spotify, me sorprendió esa reacción, esperaba que las personas se alegraran ante la destrucción del minimalismo. Pensé que tal vez sería algo que unos pocos dirían, pero cuando abrí Instagram, los comentarios negativos sobre este rediseño fueron tantos que me pareció triste ¿Por qué molestó tanto este ícono?

Quiero analizar la molestia de las personas. La imagen nueva es una bola disco verde con las líneas representativas del logo de Spotify, ahora bien, ¿Qué es exactamente lo que molestó? ¿Que fuera una bola disco? ¿Que la bola disco fuera de color verde? ¿Que tuviera demasiadas cosas?
Recuerdo que los logos de las aplicaciones hace 12 años tenían sombras y bastantes detalles, ahora que estudio diseño nos recalcan bastante que los logos de las empresas deben tener pocos detalles y NO usar sombras, un NO con mayúsculas gigantescas. ¿Quién decidió que los logos no deberían llevar tantos detalles y porque hace 12 años la cosa era diferente? ¿Por qué todos nos pusimos de acuerdo para odiar logos con detalles y buscamos las cosas que tengan menos información posible? Normalmente los profesores nos dicen que es porque menos detalle en los logos hace que llame más la atención ¿Es esto cierto? ¿Las tipografías simples son más atractivas que las que tienen decoraciones? ¿Qué hay de los espacios que nos rodean diariamente? 

Quiero que compares estas dos imágenes y pienses en cada una, ¿En cuál de las dos cocinas te sentirías más cómoda o cómodo viviendo, cocinando y estando en tu día a día? Piensa primero en la respuesta antes de seguir leyendo.
Le hice esta pregunta a varias personas y me dijeron cosas bastante interesantes, la mayoría prefirió la cocina minimalista porque se ve más ordenada, pero la estética de la cocina maximalista les llamó mucho la atención. Hubo alguien que me dijo algo y fue lo siguiente:
"La cocina de la derecha me recuerda a mi mamá y a mi abuela, se ve muy acogedor, la tendría en una casa campestre, y la cocina de la izquierda sería más para una ciudad porque se nota que es una cocina en la que no se cocina, y como yo trabajo y no cocino necesito tener todo ordenado".

Esto me dejó pensando bastante y llegué a la conclusión de que el minimalismo funciona muy bien ahora porque nunca tenemos tiempo para ordenar nuestras cosas, necesitamos trabajar y estudiar todo el tiempo ¿Cómo podría mantener mi casa maximalista bonita si las horas del día no son suficientes para dedicarme a organizar? ¿En qué mente tan ocupada cabría un rediseño de Spotify con una bola disco o logos con degradados que no funcionan en blanco y negro? Nuestras mentes no están despejadas en ningún momento, el minimalismo nos hace sentir la paz de llegar de trabajar y saber que no hay mucho por organizar ni por limpiar, y así tendremos más tiempo para seguir trabajando. 

No quiero satanizar el minimalismo, creo que es funcional en todo, y por más maximalista que yo sea, entiendo que es lo que la sociedad exige en este momento, pero considero que eso habla mucho del mundo contemporáneo y del poco tiempo que tenemos para ser nosotros mismos, incluso habla del poco tiempo que tenemos de caminar por la calle sin prisa, ahora los logos tienen que hacerse entender apenas los ves, y es entendible eso porque en una ciudad todos van deprisa, muy pocas personas tienen el tiempo de detenerse a analizar qué quiere decir el logo de un local por más cerca que lo tengas a los ojos. 

Y bien, ¿Es posible combinar ambas para hacer el mundo un poco más llamativo pero no tan fuerte visualmente? ¿Sería funcional hacer el mundo un poco más feliz? 

Los leo!!






jueves, 7 de mayo de 2026

¡Tenemos los bolsillos muy pequeños!

Desde que soy pequeña he llevado bolsos conmigo a todas partes. Primero usaba faldas y vestidos así que, para poder llevar mis juguetes o mis cuadernos para dibujar, usaba bolsos o mochilas pequeñas, cuando fui creciendo se me volvió una costumbre llevar bolsos conmigo incluso cuando no era tan necesario, al menos eso creía. Estos últimos años he deseado salir sin bolsos porque ya me parecen molestos, pero he tenido el problema de que nunca puedo irme sin uno porque por más diminuto que sea lo que necesito llevar, no tengo espacio en mi ropa para mis cosas, mis bolsillos son demasiado pequeños y no me cabe más que mi celular (y eso que sobresale del bolsillo) y cosas pequeñas como billetes o monedas. 

Es increíblemente molesto tener bolsillos pequeños, los jeans para mujeres únicamente llevan los bolsillos en la parte de atrás y no son tan grandes como para llevar las cosas que una mujer usa en su vida diaria, además los bolsillos de al frente son diminutos y ni siquiera cabe una moneda. 

¿Han usado alguna vez un vestido o una falda con bolsillos? De las pocas veces que he visto faldas con ellos fue estando en el colegio, la falda del uniforme llevaba un bolsillo lo suficientemente grande como para llevar llaves, un celular totalmente adentro o dinero sin sentir incomodidad o que se notara que llevabas algo. Desde que salí del colegio no he vuelto a tener faldas así.

De hecho, la forma en que las mujeres han tenido que llevar sus cosas y su ropa ha sido muy incómoda en gran parte de la historia, contando incluso la actualidad, donde debemos usar bolsos para cargar nuestras cosas mientras los hombres pueden llevar mucho más.

 

Decidí hacer una lista de cosas que llevaría en mis bolsillos si estos fuesen suficientemente grandes: 

 

- Las llaves de mi casa

- Las llaves de mi moto

- Las llaves de otras mujeres que llevan faldas y que estas faldas por crueldad humana no llevan bolsillos

- Un labial

- Un rubor

- Una pestañina 

-Un montón de escarcha (IMPORTANTE que no contamine el mundo con microplásticos)

- Mi celular 

- Cosas que me encuentre en mi día a día como: piedras, pétalos de flores, hojas de árboles, cartas de amor y otros objetos románticos. 

- Libretas de bolsillo en las que pueda escribir frases que llegan de la nada y que se van cuando tienes que sacar esas mismas libretas de los bolsos porque tienes bolsillos pequeños

- Libros Debolsillo por si en algún momento necesito leer algo que me cambie la vida (para eso necesitaría bolsillos bastante grandes)

- Mis propias manos para cuidarlas

- Lociones pequeñitas y usarlas cuando tenga mucho calor para refrescarme y a su vez oler a flores

- Aceites con olores para cuando me sienta ansiosa 

- Dinero, claramente y por ende

- Mi cartera

 

Me parece sorprendente todas las cosas que podríamos llevar en nuestros bolsillos si la ropa para mujeres realmente estuviese hecha para nuestra comodidad, y claramente a muchas nos gustan los bolsos, a mí personalmente me encantan, pero hay bastantes momentos en mi día a día que necesito bolsillos y no los tengo. La ropa de los hombres, en cambio, lleva de forma más estricta bolsillos y en ellos caben casi tantas cosas como las que mencioné en la lista, las manos les entran en los bolsillos delanteros perfectamente y no tienen que llevar bolsos todo el tiempo a todas partes. ¿Cómo puede ser que incluso en detalles tan pequeños como la moda y los bolsillos, la industria esté desfavoreciéndonos?


 



sábado, 18 de abril de 2026

Ser grande y ocupar un lugar

Mi peso corporal siempre ha sido un tema importante para mí, desde niña he sido la más delgada en casi todos los espacios en los que estoy, y aunque al principio algunas personas se rieron de mí por mi eso, cuando crecí fue visto como algo bueno. Nunca en mi vida he subido demasiado de peso, recuerdo que a mis 13 o 14 tuve deseos de engordar porque siempre he estado muy cerca de la desnutrición y yo quería tener piernas gruesas, algunos compañeros se reían de mí y me sentía muy insegura, claramente a medida que fui creciendo subí un poco más de peso y luego un poco más. Creo que es un tema que terminó por obsesionarme cuando entré a estudiar diseño, muchas personas a mi alrededor me recalcan el miedo a engordar y que subir de peso es algo malo, que soy por así decirlo “privilegiada” porque no es fácil para mí aumentar kilos.  

En abril del año pasado fue la última vez que me pesé, nunca había pesado tanto en toda mi vida y me angustié un montón porque tuve miedo de no ser delgada (miedo absurdo porque mi peso en ese momento seguía siendo muy poco). Desde ese día decidí que no me angustiaría más por pesarme y dejé de usar la báscula que tengo en mi casa, pero aunque dejé de usarla, seguía mirándome al espejo constantemente, revisando que mi cuerpo mantuviera el estado de delgadez que siempre ha tenido. 

Estos últimos meses había empezado a comer bastante bien, mis 3 comidas normales más alguna cosita que se me antojara en las tardes, y empecé a sentir mi cuerpo más pesado, mis piernas más gruesas, mi cintura ya no tan pronunciada y mis brazos más fuertes. También dejé de sentir tanto frío (desde que tengo memoria he sido una persona muy friolenta) y sentí que había subido demasiado de peso, pensaba que, si la última vez que me había pesado era lo máximo en toda mi vida, seguramente ya había aumentado mucho más, lo que me angustió un montón. Empecé a pensar en las calorías de mi comida, dejé de comer nuevamente por las noches y me miraba mucho más en el espejo.

Esta semana tuve que ir al hospital porque he estado enferma y me pesaron, había bajado de peso hasta lo que pesaba cuando tenía 14. Atribuyo mi enfermedad a la falta de apetito y de cuidar mi salud. 

Desde que me pesé he estado pensando en el deseo que sentimos muchas mujeres de ser pequeñas, en que nuestros cuerpos sean lo más delgados posibles, la necesidad que nos implantan de no ocupar un espacio, de que tener bajo peso está bien aunque eso implique vivir sufriendo y no poder comer lo que queremos sin sentirnos culpables. La necesidad de pesar lo que una niña pesaría, revisar tablas de peso ideal y darnos cuenta de que aún no estamos en el peso mínimo que se puede sin caer enferma. 

Yo quisiera poder subir de peso sin sentir miedo, sin pensar que los demás me verán gorda, casi siempre se trata de los demás. Mi salud claramente requiere que coma bien, haga ejercicio y suba de peso, y quiero proponerme hacerlo. 

Lo mejor que puedo hacer por el cariño que me tengo es ser grande y ocupar todo el espacio que pueda, dejar de vivir tan pequeña y comer lo que me gusta. 





domingo, 22 de marzo de 2026

Deseos de crecer

 Desde muy pequeña jugaba a ser grande, creo que es algo normal, una jugaba a ser mamá, a ser cocinera, a ser doctora, astronauta, bailarina, cantante y actriz. En mi infancia tuve una cantidad excesiva de profesiones que me duraban un día o dos hasta que descubría otra que me llamaba la atención, pensaba constantemente en todas las cosas que podría ser en un futuro, el mundo de posibilidades que tenía por delante y todo lo que podría aprender. 

Cuando tenía diez años me imaginaba mucho cómo sería cuando tuviese la edad que tengo ahora, imaginaba el mismo mundo de posibilidades que pensaba estando más pequeña, y ahora que tengo la edad que tanto esperaba, me causa ternura mi forma inocente de ver el mundo, realmente no soy ni la mitad de lo que quería ser, sigo teniendo dudas todo el tiempo acerca de todo lo que hago, pienso y vivo. He estado rodeada de infancia estos días, he visto juguetes que quería, programas que amaba, juegos que me gustaban y me pregunto en qué momento dejé de tener los comportamientos infantiles que me acompañaron siempre. He leído libros y cuentos que me gustaban hace diez años y es increíble como la vida se escapa de las manos sin que nos demos cuenta, sé que en otros diez años pensaré en lo que soy en este momento y estaré igual de asombrada. Desearía no haberme preguntado tanto qué sería de mí ahora, si estaría estudiando algo que me guste y también me gustaría no haber deseado tanto crecer, pienso que tal vez mi deseo fue tan grande que el tiempo me pasó más rápido de lo normal, ahora no podría jugar ni imaginar el mundo de posibilidades con la misma constancia porque tengo que pararme de la cama o del piso y hacer trabajos, tengo que ir a pagar cosas, tengo que lavar los baños y sé que ya no puedo posponer más casi nada. 

Sin embargo, me gusta tener diecisiete, me gusta poder asomarme por el balcón de mi cuarto y ver las montañas áridas porque ha parado de llover este mes; me gusta salir por las noches (que es el momento del día en el que generalmente estoy desocupada) y sentir el viento suave de la noche que recorre las calles vacías; me gusta saber que aún me queda un poco más de tiempo para mirarme con nostalgia y aún así hacer cosas que me gustan como dibujar o leer. Me gusta haberme reconciliado con quien fui, aquella niña que iba de rosado todo el tiempo, que saltaba por la casa y desorganizaba toda la sala para crear un mundo para sus juguetes, a mí ahora me gusta el verde, soy mucho más tranquila (aunque igual de locuaz) y me la paso en mi cuarto todo el tiempo, pero me reconozco constantemente en esa imagen de mi niñez. Sé que cada día me alejo más de mi infancia y estoy más cerca de ser una adulta, sé que la juventud se me escapará sin darme cuenta y la nostalgia me va a invadir las manos, sé que tendré muchos miedos porque no comprendo la forma tan particular en la que el mundo se mueve y aún así seguiré avanzando, seguiré creciendo, seguiré recordando. 



jueves, 12 de febrero de 2026

Crecer y volverse maternal

 ¿En qué momento una se levanta un día y asume su papel de mujer en el mundo? Me parece curioso ya no poder recordar con exactitud cómo era mi cuerpo de niña, ahora para mí cada día está medido según mis hormonas y qué tan cerca estoy del periodo, si me siento muy triste es que seguramente me va a llegar; si me siento feliz es que estoy ovulando, reviso el calendario y efectivamente es ese día del ciclo en el que se esperaría que este sea el estado de ánimo y la energía. Eso me parece muy agotador, toda mi vida estaré expuesta a los cambios de mi ciclo (súmale a eso las cosas que suceden alrededor cada día y posibles traumas de infancia).

Curiosamente en mi fase lútea me siento muy cómoda para escribir, me vuelvo reflexiva y todo lo que veo o lo que escucho es un motivo para reflexionar o dibujar, y también lloro un montón, incluso más que cuando tengo el periodo, me siento sensible física y emocionalmente y me dan ganas de encerrarme en mi mundo para siempre. Así ha sido esta semana, con la diferencia de que he perdido un poco el tiempo (4 horas diarias aproximadamente) jugando videojuegos, me gusta mucho jugar aunque no sea muy buena, pero mis tardes se han convertido únicamente en eso y ya me duelen la espalda y los ojos, a veces se me olvida mirar por el balcón y darme cuenta de que el sol hoy está como más me gusta y que ningún día se va a repetir jamás. Creo que por eso mismo estoy escribiendo, me levanté de la cama hace rato después de estar todo el día jugando solo porque me picaban los dedos y necesitaba calmarme de esta forma, no tenía muy claro de qué hablar pero quería escribir algo. Cuando me canso de jugar (generalmente me pasa esto a las 7 de la noche) me pongo a leer, esta semana me llegó una tablet que había comprado hace días y la he aprovechado para desaprovecharme y también para la lectura antes de dormir, justo ahora me estoy leyendo La mujer incierta de Piedad Bonnett, un libro que me mencionó mi amiga más querida. Apenas lo empecé a leer me sentí profundamente identificada incluso en cosas que no he vivido, en cierta parte del libro (no lo he terminado) la autora habla sobre la maternidad, claramente no he sido madre pero he estado al cuidado de bebés y eso despertó por siempre mi sentido maternal, para mí cuidar un bebé no es algo doloroso, más aún si al bebé ya se le tiene un cariño, recuerdo que los días en los que cuidé a mi primo me quedaba horas viéndolo dormir, viendo como se movía torpemente para estirarse o acomodarse según le fuese más cómodo, y apenas se despertaba ya estaba yo poniéndolo entre mis manos por si necesitaba algo, si lloraba lo consolaba con un amor que nunca antes había sentido y me creía lista para cuidar a todos los bebés del mundo. Mi papá a veces llegaba y lo cargaba con entusiasmo, aunque mi primo no es familia de sangre para él, a mi papá se le notaba el amor también, me imaginaba yo siendo la que era cargada y a él mimándome, como en algún momento del inicio de mi vida fue. También veía a mi mamá cuidarlo, ella fue la que me enseñó cómo debía tratarlo, qué era lo que tenía que hacer cuando lloraba, como bañarlo y cambiarle la ropa y los pañales y arrullarlo cuando quisiera dormir, en los momentos donde ya mis manos de primípara en la crianza no alcanzaban, mi mamá me ayudaba para lo que necesitaba, no siempre lograba entender lo que mi primo quería, pero ella, en cambio, podía dominar perfectamente cualquier molestia o necesidad del bebé, entonces otra vez me dedicaba por completo a observar hasta que él se calmaba y nuevamente mi mamá me lo entregaba ya domado. La madre de mi primo llegaba luego por él, recuerdo cuando llegaba de estudiar, aún con el uniforme, sacándose el pecho para darle de comer porque ella sentía que la leche le bajaba y eso significaba que el niño tenía hambre, eso no lo comprendo, es una sensación que cuando la escucho me resultaba hasta desagradable pero a la vez mágica: la conexión que tiene un hijo con su madre es la primer cosa que un humano adquiere al llegar al mundo y es lo más corto. A pesar de que con mi mamá he tenido tantos problemas desde inicios de mi adolescencia, lo primero que pienso cuando me siento muy triste es en un abrazo de ella, sin que se dé cuenta de qué es lo que me aqueja porque no quiero que empiece con interrogatorios, voy hasta donde está y la abrazo, no es algo que ocurra muy a menudo (supongo que con el tiempo se olvida gran parte de esa conexión) pero cuando ocurre siempre me siento mejor, me recuerdo a mí misma de niña en medio de mis llantos porque me caí o porque alguien me dijo que era fea. 

Ser maternal es algo que posiblemente me acompañe siempre, cuando a alguien que quiero le sucede algo, lo primero que pienso es darle un abrazo y recostar su cabeza en mi pecho, no sé si es por la forma en la que toda mi vida mi mamá y mi abuela me abrazaron que terminé adquiriéndolo, pero es mi forma más cariñosa de dar un abrazo, no solo por el corazón sino por los pechos, es un acto inconsciente pero siempre lo hago cuando pasa algo malo. La mayoría de los actos de cuidado a los demás, que parecen lo que cualquier persona haría por cariño, siento que lo hago desde la maternidad, y sé que a mí no se me nota pero me siento a veces como cuando cuidaba a mi primo, ese deseo del bien del otro, de estar siempre pendiente de si hay alguna cosa que le aqueje, que le incomode, algún mal que necesite sacarse y no pueda por su propia cuenta.

sábado, 7 de febrero de 2026

2022

 Hay una frase que me gusta mucho de una canción de Fother Muckers que empieza con «el mundo no está como para andar sobreviviéndolo solo». Esa canción me gusta un montón, es del 2009 pero, personalmente, queda perfecta en cualquier momento, yo la conocí en el 2021 y viví el siguiente año escuchándola, para mí era como el fin del mundo, era todavía la pandemia y yo estaba en los inicios de mi adolescencia adoleciendo un montón. La canción me llegó en el momento exacto y esta se sentía también como el fin del mundo, fácilmente sería lo que pondría si hubiera un apocalipsis y tuviera la certeza de que moriré en menos de un día. 

La frase con la que inicia la canción me hace pensar en lo horrible que ha sido el mundo siempre, justo con las cosas que han ocurrido en lo que va del año me pregunto si realmente es posible encontrar la paz propia o si tal vez el mundo alguna vez pueda ser mejor, me parece totalmente cierto que el mundo no está en condiciones de vivir en soledad, de sobrevivir en soledad más bien, y es que todo es tan terrible y tan cruel que la soledad solo serviría más para pensar en lo malo que hay alrededor, es como un capítulo de Black Mirror muy largo. Me detengo mucho a pensar en el año y la canción 2022, ya han pasado 4 años desde entonces y todo para mí ya es otra cosa, en el 2022 yo era muy triste y muy ilusionada, escuchando tanto esa canción y pensando en futuros que no me llegaron y no me van a llegar... 

2022 termina con la frase «no hay deuda que no se pague ni plazo que no llegue» y me parece que no puede comenzar y terminar de una mejor forma. Me es especial pensar en mi vida con esa canción, es otra de esas que coloco cuando estoy triste o sola (además de que es de las canciones románticas más verdaderas que he escuchado y también es un resumen de ese año). En ese año tenía 13 y me causa ternura pensarme en ese momento, saber que no volveré a tener esa edad ni escuchar esa canción en el momento que le correspondía. 

No sé muy bien a qué iba con esto, no conozco a muchas personas que sepan de esa canción y me hace sentir especial, es de esas cosas que son muy mías y que no le suelo mostrar a casi nadie.


Noviembre del 2022

 

miércoles, 21 de enero de 2026

El privilegio de ser rara y linda a la vez

 Últimamente pienso mucho en lo que es para los hombres el estereotipo de mujer rara y linda. "Rara" entre muchas comillas porque ser rara no es jugar Minecraft o saber cosas de series y películas. 

Toda la secundaria fui catalogada como la rara, tanto por mis compañeros como por mí. Recuerdo que el bachiller lo viví de una forma muy triste, no hablaba con muchas personas (solo con dos amigas que me conocían desde inicio de la secundaria) y mis compañeros siempre hacían comentarios un poco malintencionados acerca de mi forma de ser y mis gustos. Yo salí del colegio sin esos recuerdos de salidas o charlas tontas, nunca me sentí cómoda con los demás, así como los demás no se sentían cómodos conmigo, y en cuanto a los niños ni siquiera se fijaban en mí, mis gustos, mis chistes y el contenido que yo veía no era de su interés, en cambio con mis compañeras y mis amigas la cosa era diferente. 

Y cuando salí del colegio no dejé de ser yo, seguí con mis gustos, con mi forma de ser y con lo que me caracterizaba, aunque si me acomplejaba un montón muchas cosas con el tiempo me gustó mucho eso que era yo, no era la más linda y los niños no se fijaban en mí pero entendí que eso estaba bien, que había mucho más en mí que ser el punto de atracción de personas que no tenían nada para ofrecerme. 

Poco antes de entrar a la universidad empezó a ser diferente todo, yo me arreglaba mucho más que antes y dejé de verme como una niña en plena pubertad, además en mi carrera habían muchas otras personas con gustos similares a los míos, algo que me parece muy genial de diseño gráfico y las carreras de artes es que puedes ser lo que las personas catalogan como "raro" y no pasa nada porque los demás son como tú. En fin, digamos que cuando entré a la universidad empecé a verme mucho más atractiva, aprendí a combinar mejor la ropa, a organizar mejor mi cabello (método curly y formas de peinado para cabello ondulado/crespo), por lo que las personas empezaron a fijarse un poco más en mí, eso al principio me pareció divertido porque es como tener algo que uno quería hace mucho justo en el momento en el que ya no lo necesita, pero me hizo pensar en cómo lo atractivo que es uno, mueve todo. Si eres rara te critican y se burlan de ti hasta que aprendes a maquillarte, ahora eso es genial, todos los chicos quisieran a alguien como tú, eres hermosa y como un extra, graciosa; eres muy linda y también tienes buenos gustos. 

Hace más o menos un año uno de mis compañeros del colegio (con los que me gradué) me escribió y me dijo que quería salir conmigo, y esto no hubiera sido raro con otra persona, pero justo él me catalogaba como la rara del salón, como la "diferente", como la "no tan linda como las otras". Se me hizo muy extraño, un poco de mal gusto y decidí rechazarlo, sé que no soy la única a la que le pasa eso ¿Y no les resulta molesto? Que se burlen de ti durante años por cómo eres, para que justo en el momento en que consideran que te ves un poco mejor te hablen y te digan que de hecho eres muy genial. Es como si el físico de las personas fuera todo, la personalidad y los gustos son un pequeño detalle que no se tiene en cuenta a la hora de fijarse en alguien. 

He visto que en internet algunas personas han hablado del tema pero no se llega a profundizar demasiado, a muchos hombres les gusta el estereotipo de mujer "rara" específicamente cuando la mujer cumple con ciertos rasgos físicos, lo que rebaja por completo su ser y –como siempre– la encierra en su físico y su belleza estandarizada (tema hablado en una actualización anterior). Lo más gracioso es que cuando se dan cuenta de que ser rara no es jugar videojuegos sino que abarca mucho más, dejas de ser atractiva para ellos. 

Y es cierto que no todos los hombres son así, pero siempre un hombre. 




martes, 20 de enero de 2026

Comer y trabajar

 Estoy en el trabajo mientras escribo esto, hace un rato abrí el local y hoy más que otros días me frustra mucho este lugar. El pueblo en el que vivo está cumpliendo años y es una fecha muy importante, desde que empezaron con los preparativos para este día (hace uno o dos años) yo ya estaba muy emocionada y dispuesta a asistir a todos los eventos que se hicieran, y justo conseguí trabajo y ya no puedo hacer nada de lo que quería. Casi siempre estando aquí me siento como Heaven Knows I'm Miserable Now, y de verdad quisiera ser más agradecida con lo que tengo pero me frustra un montón perderme de la mejor fecha del año. Aquí en enero se hacen diferentes eventos y es temporada de turistas, me encanta el inicio del año porque todo es muy alegre y hace mucho calor (el calor es algo que casi siempre me agrada), además hay muchos conciertos locales, actividades y demás. 

Desde niña le tengo mucho cariño a esta fecha, recuerdo que debía tener tres o cuatro años cuando iba caminando por el pueblo con mi papá de la mano viendo artesanías. Esto ya lo he mencionado antes en otras actualizaciones, pero de verdad es increíble todo lo que omites en tu vida por trabajar, y esto que hago ni siquiera es algo obligatorio, mis papás no me forzaron para entrar a trabajar ni me estaba haciendo falta demasiado dinero, simplemente quise entrar por gusto. Las primeras dos semanas me sentí muy contenta a pesar de lo agotador que es, pero ahora pienso en los ríos, en las noches bailando en el parque en un concierto de salsa, pienso en las artesanías y las ferias y me da un montón de tristeza, pues incluso si solo salgo en la noche no me puedo quedar hasta muy tarde porque no tengo un solo día de descanso. Ojalá pudiese quedarme joven para siempre, considero que en este momento de mi vida soy muy afortunada porque no me hace falta casi nada para sentirme feliz y estudio sin la preocupación de tener que trabajar también, pero sé que no es algo que me durará para siempre, sé que algún día tendré que hacer mucho más esfuerzo del que hago ahora (como he mencionado anteriormente mi trabajo no tiene ningún reto físico) y solo de pensar en eso me pongo muy triste. Algún día me quedaré sin mis tardes tranquilas y mis paseos repentinos porque tendré que estar trabajando. 

Un pensamiento muy recurrente que tengo estos últimos meses es irme a vivir muy lejos, en una montaña en medio de un bosque y plantar mi propia comida. ¿Ustedes han pensado en eso alguna vez? Que la comida que comemos es muy poco natural, incluso el café te lo venden como instantáneo y todo está hecho para ahorrar tiempo. Las frituras, la comida instantánea, todo lo que está procesado me resulta enfermo, en medio de un bosque no te quedaría de otra que plantar tus propios vegetales y buscar alimento fresco.

Este tema también me hace pensar en la comida rápida, es como si todo fuese por el capitalismo. Donde yo vivo no hay ninguna de estas cadenas de comida rápida (como McDonald's, KFC, etc.), todo es muy local, en mi caso, normalmente mi mamá hace el almuerzo o vamos a comer a un restaurante, pero en las ciudades es evidente que todo cambia, mi hermana hace un tiempo está estudiando en otro lugar y no tiene tiempo para poder comer algo decente, por lo que no le queda de otra que comprar comida rápida. Es algo tan normalizado, comemos super mal solo para poder seguir con nuestras tareas diarias como el trabajo o el estudio, nuestro tiempo es increíblemente limitado incluso para necesidades básicas como esa, me parece muy triste y muy preocupante. ¿Será que un día podremos ser dueños de nuestro tiempo y nuestra comida? Sería bueno que nos vendieran algo que nutriese realmente, recuerdo que en toda la secundaria mi comida diaria eran aborrajados, papitas y dulces porque no tenía tiempo de comer algo en la casa y no vendían otro tipo de comida, lo cual terminó afectando mi salud actualmente (tengo una deficiencia de hierro gigantesca y me mareo con facilidad, además de las bajas defensas), ese tipo de comida se sigue vendiendo todos los días en los colegios y casi nadie habla del tema, lo mal alimentados que estamos y cómo crecemos así. La comida realmente buena es muy cara y no todas las personas pueden darse el lujo de alimentarse adecuadamente, es muy triste. 

Yo creo que para la vida adulta funciona algo parecido, solo que ya no es con dulces o papitas sino con hamburguesas, pizzas o sándwiches. El punto es que todos comemos mal por falta de tiempo y dinero, que dejamos un montón de cosas de lado (inclusive nuestra propia salud) para ganar dinero. ¡Qué fuerte! 




domingo, 18 de enero de 2026

Tener nariz grande y otras rebeldías

 Desde hace unos años mi nariz ha sido tema de inseguridad, no es demasiado grande y tampoco es fea, pero no entra en lo que cabe como "una nariz perfecta" según los estándares. Ha sido bastante recurrente que en internet encuentres filtros donde tu rostro es mas delgado, tu nariz es mas pequeña, tus labios mas gruesos y no se ven "imperfecciones" faciales, entonces los usas, te sientes muy linda y cuando te lo quitas te da una especie de vergüenza e incomodidad porque ahí estás tú realmente: con tu rostro redondo, tu nariz ancha, tus labios delgados y tu piel con acné.

No me considero alguien con rasgos físicos destacables y eso se convirtió en una inseguridad mientras pasaban los años. Yo soy morena, mi cabello es ondulado, no tengo labios gruesos, mi rostro es asimétrico (como el de la mayoría de las personas) y mi cara está manchada por el acné, además de la nariz, que no es delgada. Siempre fui la "fea" de mis grupos de amigas, muchas veces en el colegio se me llegó a recalcar cosas como mi color de piel, mi cabello y mi delgadez de una forma negativa, lo que me convenció de que yo no era atractiva, y claro, era menor que el resto y eso se notaba en mi físico (algo que hablé anteriormente por si lo quieren leer), pero sentía la necesidad de crecer y verme mayor porque tal vez sería mas linda. Ya no tengo 15 y he cambiado desde entonces, mi cuerpo es mucho más cercano al de una mujer que al de una niña y eso es algo muy íntimo, pero dentro de esa belleza también se generan otras inseguridades absurdas como los hip dips, el abdomen plano, las estrías y otras cosas que tienen nombres raros. Cuando empecé a ver en internet contenido de mujeres que se hacen cirugías estéticas y de repente se sienten bellísimas yo debía tener tal vez 13 años, y ahora es mucho más común que las niñas vean eso y desde pequeñas tengan una percepción negativa de sus cuerpos (aquí un comentario que justo encontré hoy mientras escribía esto):


Una encuentra cientos de videos con títulos como tips para tener un rostro simétrico, ejercicio para el abdomen plano, rutina para quitar los hip dips, yoga facial para tener un rostro delgado en una semana como si esas características corporales no fuesen algo natural del ser humano (y de las mujeres, más que nada). Se nos enseña a seguir modas impuestas por una sociedad que nos pide cada vez más: estar siempre arregladas, tener el pelo de cierta forma, tener un color de piel claro, no tener ni un solo vello en el cuerpo y ser muy delgadas (incluso si eso implica dejar de comer y enfermarnos). 

Cada día podemos ver que más mujeres se operan para sentirse mejor consigo mismas y los rasgos faciales que hacen distintivos los rostros de todos empiezan a perderse. Existen muchos videos de chicas que tienen caras muy similares y cumplen con esos rasgos que consideramos "perfectos", a todas nos parecen divinas y puede que queramos vernos así. 

Hay días en los que me veo en el espejo y me siento hermosa, pienso que no hay nada que cambiar, que esos rasgos "imperfectos" de mi cara y mi cuerpo son lo que me hacen ser quien soy; y hay otros días donde ni siquiera puedo verme porque me avergüenzo de mí. No es un proceso fácil aceptar lo que eres, y nos acostumbramos tanto al menosprecio de nuestro físico que incluso nos parecen feos rasgos nuestros que en otra época de la Historia pudieron ser vistos como el estándar (la nariz griega, por ejemplo, a mí me parece lindísima). En internet te venden mucho lo del amor propio y que hay que amarse, pero llega a ser un positivismo tóxico, no se trata de amarse completamente y no tener derecho a sentirse fea o feo a veces, sino de saber que eso eres, que eso es lo que te hace único y esa característica específica en tu rostro y en tu cuerpo es algo natural. 

Esto no es una crítica a las operaciones estéticas, pienso que no es bueno juzgar a nadie por lo que decidan hacer con su cuerpo ni les quita belleza, simplemente se trata de entenderte, que no tienes que operarte y que si lo vas a hacer pienses si es por ti o por el contenido que ves en redes. Yo personalmente, después de mucho reflexionar llegué a la conclusión de que no tener la nariz pequeña y los labios gruesos es lo que me hace ser quien soy físicamente, y eso está bien, no quisiera ser perfecta, solo ser yo misma. 

sábado, 17 de enero de 2026

Los detalles cotidianos como salvación de la tristeza

Estos días me han parecido terribles, desde noviembre ha habido un declive en mi estado de ánimo y se ha convertido como una bola de nieve gigantesca, este tema es algo delicado de hablar porque muchos de nosotros hemos pasado o pasamos por momentos de depresión. En una de mis citas con la psicóloga (fue hace tiempo ya) le mencioné como me sentía y me dijo que debía tener mucho cuidado porque estaba muy cerca de caer en un episodio depresivo, solo dijo eso pero me dejó muy preocupada. Desde ese momento empecé a hacer cosas que me ayudasen a sentirme mejor, salía a caminar en las tardes, me sentaba a escuchar música o a escribir, ilustraba un montón (he aquí una de las ilustraciones que hice como desahogo, si alguien de mi universidad llega a ver esto quiero aclarar que no tengo intenciones de quemar nada, es algo más bien simbólico): 




Hice muchas cosas para distraerme de lo que sentía, pero no podía dejar de estar triste cuando pasaba el rato y ya no hacía nada, las noches eran terribles para mí porque cuando me acostaba a dormir volvía entonces a lo mismo. Dejé de ir con la psicóloga y empecé a irme un poco con la parte espiritual, en mi familia son muy católicos y aunque lo intenté por un tiempo llegué a la conclusión de que no era lo mío, me pasé varios años con un rencor muy grande hacia Dios (eso es algo que podré hablar en otro momento y con más detalle) hasta el año pasado, donde decidí darme una oportunidad en el tema pero ya no desde una perspectiva conservadora como el catolicismo. 

Y bueno, ciertamente eso me ayudó bastante, en mi acercamiento hacia una "divinidad" o hacia "el universo" (como ustedes prefieran llamarle, la verdad no le tengo un nombre) me di cuenta de todos los detalles cotidianos en los que no nos fijamos por estar inmersos en nuestras rutinas y en nuestra vida como colectivo y no como individuo. Hay dos canciones que me gusta mucho poner cuando estoy triste, se llaman "Explorador" y "Viaje de regreso" de Fother Muckers (banda que me fascina). Estas canciones las pongo cuando estoy muy triste y me ayudan un montón a animarme, pienso en todas esas cosas de las que uno se pierde todos los días, detalles simples como ver pájaros en las cuerdas de los postes de luz, mirar a las personas pasar y ver sus expresiones, ver que están tristes como yo y que hay otras personas muy enojadas, gente que se queja del calor y luego del frío cuando llueve. Son pequeñas cosas que normalmente no tendrían importancia y hasta resultarían molestas pero están allí, existen, están frente a ti y eres tan espectador como protagonista. 

Cuando estoy muy triste y salgo a caminar, voy a un parque cerca de mi casa que me gusta mucho, ese parque tiene juegos para niños (pasamanos, deslizadores, columpios) y hay una zona verde muy grande con banquitos de guadua. Durante el día van los niños a jugar y por la noche llegan adolescentes a fumar y a charlar a oscuras, es uno de mis sitios favoritos del pueblo, uno se encuentra con muchas cosas y personas interesantes. Cuando estoy allá trato de fijarme en todo: las ramas de los samanes moviéndose con el viento de la tarde y la brisa de la noche; las hojas cayendo como si bailaran entre ellas, las flores silvestres que crecen en el piso (casi todas son amarillas, un detalle que me pone muy contenta), las hormigas arrieras que agarran esas flores y se las llevan a sus colonias; los perros que se la pasan jugueteando y correteándose entre ellos; las personas que llegan a veces a interrumpir mi momento de observación. Todas esas cosas tan pequeñitas que están presentes todo el tiempo y que casi nunca nos fijamos en ellas. Es extraño saber que tantos detalles pueden ocurrir a la vez en el mundo, que mientras escribo esto en la comodidad de mi trabajo hay otras que están afuera aguantándose el calor del mediodía, que hay otras muy tristes y otras muy felices, que hay gente muriendo y naciendo en este mismo momento. Y también que hay pequeñitas hormiguitas en cualquier parte del mundo llevando cualquier cosa o peleando por territorio y matándose entre ellas. Es sorprendente que me pierda de todas esas cosas porque tengo que trabajar y no puedo salir de aquí hasta la noche, que no podré ver los samanes y las hojas y las flores, pero que, aunque no pueda verlas, también soy espectadora de muchas personas que pasan y que por un pequeño momento se cruzan en mi vida para no volver a verlas. 

La vida tiene muchos infortunios, eso todos lo tenemos muy presente, hemos visto y vivido cosas muy tristes y muchas veces todo se siente pesado, pero creo que esos pequeños detalles cotidianos, si te detienes a observarlos te hacen sentir muy vivo, te hacen querer seguir viendo y seguir siendo espectador y protagonista a la vez. Te recomiendo mucho que salgas de tu casa cuando estés triste, que camines y observes todo a tu alrededor, casi siempre tan desordenado y caótico, pero en medio de eso hay algo muy bello, saber que todos somos parte del mundo en el que vivimos y que estamos en él a la misma vez, compartiendo sufrimientos, dolores y alegrías sin darnos cuenta... Me parece una forma muy poética de salir de la tristeza, o al menos, sobrellevarla. 



viernes, 16 de enero de 2026

Salir del colegio a temprana edad y otros infortunios

 Este año cumpliré 18. Es muy extraño, justo ando pensando eso mientras estoy en el trabajo, cuando tenía 12 ni siquiera me imaginaba teniendo la edad que cumpliré en unos meses, y hace un mes ni siquiera imaginaba que tuviera trabajo. 

Cuando estaba en primer grado de primaria me promovieron a segundo. Entré a segundo grado con seis años y la noticia fue muy buena para mi familia, los profesores me veían como una especie de "prodigio" solo porque sabía sumar con una cifra demás que el resto (años después no llegué siquiera a saber dividir). Nadie me avisó que ese sería el inicio de lo que ahora define toda mi vida. Les explico, cuando llegué a segundo grado empecé en un colegio nuevo, en un pueblo nuevo, y todos los niños de mi grado me llevaban un año, lo cual no fue un gran problema en ese momento, pues me acogieron de una forma muy positiva y mis recuerdos de la primaria son muy bonitos, me cuidaban mucho por mi edad, todos mis compañeros me trataban con cariño (fue tanto así que creí en el Niño Dios y en el Ratón Pérez hasta los 8 años, mis compañeros evitaban hablar del tema porque sabían que yo creía fielmente en ambos seres casi divinos y no querían arruinarme mis ilusiones). 

El problema fue cuando empecé secundaria, no solo porque entré con 9 años sino porque me cambiaron de colegio y ahí todo era muy diferente, no conocía a nadie y por ende, nadie sabía de mi edad. Ya no tenía con quién jugar porque todos se sentían "grandes" al estar en secundaria, fue difícil adaptarse a que el entretenimiento en los descansos ya no era escondite, lleva o ponchado sino Musical.ly y luego Tik Tok. Me tomo tiempo, pero pude acostumbrarme, sin embargo, el entorno en el que estaba me obligó a no tener 9, sino a tener 11 y 12 años como el resto. A séptimo entré teniendo 10 años y ya había dejado por completo de jugar, ni siquiera tocaba mis Barbies, si hablaba del tema se reían de mí porque esas eran "cosas de niñas pequeñas" y ahora todas estaban interesadas en los chicos. Justo para ese momento de mi vida tuve mi primer celular y claramente tampoco fue algo bueno. En séptimo conocí muchas cosas que no debí y tuve mi primer "enamoramiento" que resultó muy mal (fue una premonición de mi suerte en el amor, tal vez). 

Luego en octavo ocurrió la pandemia, en la que comencé teniendo 11 años. Y yo creo que a muchos nos pasó en la pandemia que teniendo internet vimos cosas que no debimos, yo vi por primera vez contenido para adultos a los 10 años, lo cual creo que es recurrente en los niños pero no le quita lo preocupante, también tuve Amino y ya muchos de ustedes sabrán lo catastrófica que era esa aplicación. No tengo muchos recuerdos del 2020 ni del 2021, y los pocos que tengo no son muy buenos, pero en el 2022 volvimos al colegio con total normalidad, entré teniendo 13 años y estaba en décimo. Para mí en ese momento era algo normal, las personas de mi salón tenían 14, 15 o 16 años, pero yo tenía 13. Me gradué de 15 años en el 2023. 

Y durante todo mi tiempo en el colegio (incluso desde primaria) escuchaba comentarios como que podría aprender más del icfes (pruebas nacionales que se hacen en Colombia), que podría saber desde temprana edad qué hacer con mi vida y que entraría a la universidad teniendo 15 años, lo cual era un gran logro. Así fue para mí toda mi vida, y empezó a ser preocupante cuando había empezado el último grado con 14 años y ya todo el mundo tenía más o menos definido lo que querría hacer cuando saliera del colegio. ¿Qué es lo que uno quiere ser cuando tiene 14 o 15 años? ¿Qué decisión se debe tomar a la hora de estudiar para que los demás crean que es la correcta y para convencerte a ti mismo de que eso que decidiste fue bueno y que te gustará por el resto de tu vida? Yo de niña quise ser muchas cosas: bióloga, bioquímica, psicóloga, médica, astrónoma, maestra y la lista de profesiones sigue. Me imaginé miles de futuros que tendría cuando cumpliese 16, viviendo en una ciudad y no en el pueblo en el que vivo, estudiando en una universidad grande una carrera que me hiciese sentir orgullosa. 

Y bien, puedo decir que las cosas no salieron mal. Me gradué sin saber qué hacer con mi vida y me quedé así la mitad del año (2024) hasta que no soporté más no estudiar nada y entré a Diseño Gráfico en el Instituto de mi pueblo. Si hubiese sabido a mis 14 años que no estaría haciendo nada de lo que planee, definitivamente me decepcionaría. Yo creo que fui muy fantasiosa si pensaba que tendría todo definido. 

En febrero empezaré el cuarto semestre de la carrera y ciertamente no es lo que hubiese deseado para mí, aún no lo tengo definido, no sé si terminar la carrera y luego hacer otra; no sé si debería salirme ya y estudiar algo que realmente haya decidido porque lo quería y no por prisa; no sé todavía qué es lo que me gusta. Y estudiar ahí también es un poco difícil, he estado acostumbrada a escuchar comentarios respecto a mi edad desde el colegio, pero nunca deja de ser incómodo para mí. Igual y tiene sus cosas buenas esto de salir temprano del colegio, por ejemplo tener a una edad más temprana un título, pero ¿Para qué apresurarse tanto a salir de una universidad? ¿Para trabajar y tener dinero lo más pronto posible?

Sinceramente no disfruto la vida de los adultos. Trabajando me he dado cuenta del poco tiempo que queda para ser uno mismo y no ser un vendedor, que no puedes dibujar, pintar o escribir con la misma tranquilidad que tendrías en tu cuarto, que hay trabajos donde ni siquiera te permiten estar sentado unos minutos. Y sí, yo recibo dinero, pero ¿Dinero para qué? ¿Comprar cosas que me venden como esenciales en mi vida y a la hora de la verdad no son tan importantes? Yo quisiera estar en mi cama todo el día y ya, por muy malo y vago que suene eso, quisiera haber podido disfrutar mucho más mi adolescencia y hacer cosas como perder el tiempo y salir un montón a fiestas. Podría hacerlo, claro, en teoría podría, pero tengo que trabajar al otro día. 

Si tienes mi edad o menos, o también vas a graduarte a una edad temprana (incluso esto aplica para las personas que se graduarán a la edad promedio) no te apresures, no sientas que tienes que ir al ritmo de los demás, porque si somos objetivos ¿Quién tiene su vida totalmente planeada a los 18, 19 o 20 años? Disfrutemos nuestra juventud y no finjamos ser más maduros de lo que en realidad somos ¿Qué prisa hay en crecer? ¡Si trabajar es horrible!


 

jueves, 15 de enero de 2026

¿Y si se fuera la luz para siempre?

¿Ustedes alguna vez se han preguntado qué son todas esas cosas que con la luz se fueron? Hace unos días estaba leyendo Rayuela y di con un capítulo muy interesante, el cual es este: 

Morelliana.

Pienso en los gestos olvidados, en los múltiples ademanes y palabras de los abuelos, poco a poco perdidos, no heredados, caídos uno tras otro del árbol del tiempo. Esta noche encontré una vela sobre una mesa, y por jugar la encendí y anduve con ella en el corredor. El aire del movimiento iba a apagarla, entonces vi levantarse sola mi mano izquierda, ahuecarse, proteger la llama con una pantalla viva que alejaba el aire. Mientras el fuego se enderezaba otra vez alerta, pensé que ese gesto había sido el de todos nosotros (pensé en nosotros y pensé bien, o sentí bien) durante miles de años, durante la Edad del Fuego, hasta que nos la cambiaron por la luz eléctrica. Imaginé otros gestos, el de las mujeres alzando el borde de las faldas, el de los hombres buscando el puño de la espada. Como las palabras perdidas de la infancia, escuchadas por última vez a los viejos que se iban muriendo. En mi casa ya nadie dice "la cómoda de alcanfor", ya nadie habla de "las trebes" -las trébedes-. Como las músicas del momento, los valses del año veinte, las polkas que enternecían a los abuelos. 

Pienso en esos objetos, esas cajas, esos utensilios que aparecen a veces en graneros, cocinas o escondrijos, y cuyo uso ya nadie es capaz de explicar. Vanidad de creer que comprendemos las obras del tiempo: él entierra sus muertos y guarda las llaves. Sólo en sueños, en la poesía, en el juego -encender una vela, andar con ella por el corredor- nos asomamos a veces a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos.  

 

Hace meses justo me pasó que estaba yendo a la peluquería a eso de las 4 de la tarde cuando se fue la energía en todo el pueblo. Pasaba yo por el centro y veía que los locales estaban un poco a oscuras. Llegué a la pelu y estaba igual, entonces yo pensé que podría durar así el resto del día «¿Qué pasaría si la luz no volviese hoy? Seguramente me iría a mi casa y escucharía música hasta que mi celular se descargara, entonces probablemente mi familia y yo nos reuniríamos en la sala a charlar, esperando el regreso de la energía. Mas tarde, habría velas encendidas por diferentes partes de la casa y yo leería o escribiría a oscuras. ¿Y entonces qué pasaría si la luz no regresase jamás? La carrera que estoy estudiando requiere de computadores, si no regresara la luz ¿Qué pasaría con mis estudios? ¿Qué sería de este pueblo?».

Y bueno, la luz regresó pasada una o dos horas, pero en mi cabeza quedó sonando esa idea. Para esos días ya había sucedido el apagón de Chile y de España y sentí que la energía del mundo se acababa. Soy bastante paranoica y la idea de que eso pase no se me haría extraña, aunque para que la luz se vaya en todo el mundo tendrían que suceder bastantes cosas y tendría que ocurrir una escasez de recursos masiva. En fin, que son ideas tontas (aunque tal vez no tanto), pero yo ese día quise que todos nos quedáramos sin luz. Hace un par de días volvió a irse la energía mientras yo estaba trabajando, también más o menos desde las 4 de la tarde, tuve que cerrar el local más temprano debido a que la luz no llegó por la zona en la que estaba y me fui a mi casa a pie. El cielo estaba despejado y las estrellas eran hermosas, me sentía muy tranquila caminando en la oscuridad, pero la zona en la que yo vivo sí tenía energía y todo siguió siendo normal. Entonces pensé que si la luz se fuera en todas partes no sería tan pacífico como mi momento bajo las estrellas. 

Sin la luz quedaríamos totalmente desamparados. La necesitamos todo el tiempo, todas las cosas que hacemos a diario requieren luz y energía, cosas tan básicas como la comida, como escuchar música, todo eso requiere de energía. Y si ya no hubiese más en el mundo ¿Qué sería de la realidad como la conocemos? ¿Y de las necesidades básicas que tenemos todos? ¿Qué sería de la salud de las personas enfermas en los hospitales y de las profesiones como la que yo estoy estudiando? Los semáforos, el entretenimiento, nada estaría. Simplemente ya no sería nada.

Las personas estaríamos obligadas a retroceder miles y miles de años hasta el uso del fuego como iluminación, y así como decía ese capítulo de Rayuela, volveríamos a ser parte de esos gestos que se perdieron en nuestros abuelos; esos gestos innatos, que se quedan escondidos mientras no estemos a oscuras. Me parece muy extraño eso, saber que se perdería tanta información que hay en internet, que yo perdería contacto con personas que solo conozco por Instagram o Tik Tok, vernos todos en la obligación de acoger ciertas cosas que se están perdiendo con la digitalización como la escritura y la lectura. Los primeros días de un apagón mundial serían caóticos, como en la pandemia con el papel higiénico, la histeria colectiva sería masiva, ni siquiera se podría hacer viajes normales porque ahora todos usamos GPS, incluso la moda cambiaría y todo sería lento otra vez. 

Personalmente yo extrañaría estas pequeñas cosas de internet, como leer y ser leído, saber que en alguna parte del mundo alguien que no conozco y nunca conoceré tiene una idea, un pensamiento o un sentimiento similar al mío. Todo eso se perdería, lo que escribo ahora mismo se perdería junto con todo lo que otros han escrito. Y el fin de la electricidad nos obligaría un montón a tener que hablar más con las personas a nuestro alrededor, nos obligaría a aburrirnos (cosa que nos cuesta hacer ahora por el tema de la dopamina, nada nuevo para nadie, creo). 

Es probable que nunca se vaya la energía en realidad, pero es algo que pienso seguido, y aunque es atemorizante y extraño, creo que también haría el mundo poco mejor, a veces nos hace falta alejarnos un rato del celular y mirar el cielo, ver las nubes y buscar formas en ellas, así como hacíamos antes y ya dejamos de hacerlo. Nos hace un montón de falta detenernos a observar el entorno que nos rodea, a leer algo sin buscar un resumen, ese tipo de cosas.



 

Tao

Hace mucho que no escribo, llevo varios meses intentando escribir algo que cambie el mundo o al menos me cambie a mí, pero termino borrándol...