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jueves, 23 de julio de 2026

Diez de enero, 2026

 Hoy fuiste a visitarme al local, haciéndome estremecer los recuerdos. Hoy me besaste, hoy te besé, hoy nos besamos, hoy hicimos el amor. Hoy fui al mar y te pensé, y pensé en que te extraño, en que hace mucho no sé de ti, en que quisiera yo que fuera diferente y que nos tuviésemos aquí. 

Yo creo que en el amor se olvida el tiempo y las personas, porque uno puede amar de distinta forma a varias personas a la vez y pueden ser una misma cosa. 

El amor de amantes, el de nosotros los escondidos, el que solo funciona cuando no hay luz y cuando el ruido son los susurros, me provoca una sensación de ebriedad en las manos. Yo recuerdo la primera vez, recuerdo un temblor intenso y lo frío de las puntas de los dedos, ese hormigueo que se extendía desde la yema hasta el resto de cuerpo no lo entendí hasta que le encontré el nombre en un libro de mi cuarto. El temblor del amor, ese cosquilleo. 

Me limpio los dientes muy seguido, me convenzo a mí misma de que una nunca sabe cuándo llegue el momento en el que vaya a unirse a alguien más, como muchas veces nos hemos unido, como muchas veces nos hemos amado sin decirnos nada, como tantas veces hemos hecho el amor y como tantas veces que lo recuerdo siento como las hormigas suben entre mis piernas. 

Yo no sé si te fijas en la forma en la que el viento sopla cuando algo nos une, porque incluso si no estamos en el pueblo, ese mismo viento nos persigue hasta golpearnos a ambos y darnos cuenta de que sin querer mostrar nada, lo mostramos todo. Tú has llegado a mí hasta en el mar, incluso antes de conocerte se me anticipó la tristeza en una playa cartagenera. Lo recuerdo bien, es como si desde antes de conocerte, hubiera estado predestinada a mi tristeza. 

También me limpio el cuerpo, me lavo totalmente, me perfumo, limpio mi rostro y me organizo cada día como si fuese un rito. Pero nada pasa en muchos días, sino hasta que yo me desorganizo y terminamos revolcándonos en un charco de lo que sentimos y no decimos a nadie, ni siquiera a nosotros. 

Hoy el viento que mencioné hace un momento pasó mientras te daba besos desesperados en la cara. Ese mismo viento que me golpeó una vez con sal, esta vez llegó con frío y tú te quedaste quieto. Cuando te abracé me sentí como cuando era niña, siento yo que te expreso lo que no pude expresar porque dejé de ser niña más rápido que el resto, y ahora es como que voy pagando la deuda contigo. Tú, en cambio, no dices ni haces nada, sino que te quedas inmóvil, como aceptando la realidad del momento, como sabiendo que va a acabar y que llegarás a tu casa y que ese momento quedará en un recuerdo cada segundo más lejano y, por ende, mucho más fácil de olvidar. Tú no te aferras a mí, amas no con libertad sino con libertinaje, no me quieres para ti y me quieres para cualquiera. Pero ambos metemos la mano en la garganta del otro cuando estamos solos —y aunque a uno de nosotros le queda más fácil hacerlo— nos sacamos las palabras para poder verlas y cuando nos vamos, nuevamente las metemos a esa parte de la garganta donde estaban estancadas, para que se queden allí añejándose hasta que nos veamos y nuevamente sintamos el deseo de sacarlas. 

 

Yo no sé, amor mío, no sé por qué sigo escribiendo con la misma voracidad con la que te beso, yo escribo como si me estuvieras amando, no sé por qué lo hago si no lo verás, si no me amarás y si no vamos a ser en algún momento. ¿Tú recuerdas los momentos en los que nos hemos visto a los ojos? Creo que la primera vez que te vi con esa sonrisa que llega cuando llega el viento, fue en una de esas clases de Daniela en las que tocaba exponer mientras ella se quedaba viendo como si fuese un examen, y en la socialización hiciste el primer chiste. Oh amor. Ese chiste fue como romper algo muy grande y que hace mucho ruido y todo el mundo se queda pasmado observando lo que se ha roto pero nadie dice nada, nadie comenta porque todo fue tan rápido que no tienes tiempo siquiera de decir una mala palabra por cometer el error de dejar que eso se rompiera. Yo me reí de ese primer chiste y tú te reíste de vuelta, y nos vimos desde lejos a los ojos, y entonces todo ya estaba roto, el viento lo rompió, tu viento el chiste y la risa lo rompieron.

Así son las cosas desde ese día, escribo cartas muy largas y muy aburridas de leer para ti porque no te gusta leer. Y entonces me acuerdo cuando nos vimos en el cineforo la tercera película de “before sunrise” que no te gustó porque era aburrida, porque así eres, porque no te gustan las cosas aburridas como las clases de Mauro o los libros, porque eres muy libre de decir que no te gustan y porque la única vez que leíste uno con muchas ganas fue cuando te enamoraste de alguna de tus amantes escondidas. Sin embargo, tú has aprendido a leerme y a leerte en mis poemas, has aprendido cosas de las que ni siquiera soy muy consciente de mí y luego yo me sonrojo a oscuras y tú lo sabes completamente. Tú sabes qué tan enamorada me terminé volviendo, debes saber ya que te veo en cosas sencillas del día a día como ver a alguien tropezándose por donde todo el mundo se tropieza o los señores que llegan al local pidiendo cosas que no existen y se van decepcionados como si fuesen a llegar a encontrar algo así en este pueblo tan pequeño. 

El viento mencionado también hace presencia cuando estoy aquí, escribiendo en el local, hace presencia cuando estoy sola en mi cuarto y pienso que en realidad estoy en el tuyo. El viento hizo presencia cuando me enamoré por primera vez, porque me maldijo desde que era una niña y seguirá así por mucho tiempo después. Es como un cáncer que vuelve a brotar cuando uno ya se cree libre de la enfermedad, y también es como cuando estoy llorando sin saber exactamente por qué, pero a la vez sabiendo que las lágrimas son el resultado de estancamientos emocionales que fueron sucediendo desde que entré en la adolescencia y que seguirá estancada hasta que un día estalle en un baño de algún restaurante o alguna tienda y ya no haya quien pueda detener la grieta, la gran grieta que acabará con lo que yo pensaba que era mi vida y que en realidad no era tanto así y entonces al siguiente día me tendré que levantar fingiendo que no pasó nada, cuando un poco ya me morí. 

Para Sam

 Siempre he creído en los romances de cuentos donde me salvarían de cualquier dolor que sintiese y que me haría vivir en medio de las nubes. Así me sentí cuando tenía trece y te conocí. Ahora que tengo dieciocho y te conozco cada vez menos, me detengo a ratos a leer las cartas que te hice y nunca te entregué cuando tenía 13, 14, 15 y 16 y me doy cuenta de que en todos estos años lo que he escrito ha sido lo mismo, siempre termina tratándose de ti. Fuiste mis cimientos por mucho tiempo, a pesar de los  pocos recuerdos que tengo sé que te quise y te sigo queriendo, sé que el tiempo, la distancia y la poca comunicación no van a ser un impedimento en mi sentir; sé que es absurdo, que hace mucho dejé de ser lo que conociste a tus quince y que ya no hay nada que nos aferre más allá del recuerdo y el cariño, pero me gusta pensarte, me gusta pensar en el mar y, por ende, pensarte. 

La primera vez que vi el mar fue en una pequeña parte de la costa de Cartagena, yo tenía el cabello recogido y el atardecer intentaba ser rosado, a lo lejos había un muelle con barcos inmensos que jamás pensé que vería, las olas golpeaban la orilla en la que yo estaba y el viento me traía olor a sal. Mientras veía por primera vez lo más hermoso que había presenciado en mis dieciséis años, pensé en ti, en que ese era tu día a día y que finalmente te tenía más cerca, a pesar del cuerpo de agua gigantesco que nos separa, te tenía más cerca. Desde niña siempre quería conocer el mar, y después de verlo entendí todo lo que me contaste sobre el lugar en el que creciste y la orilla que rodeaba tu hogar. Hoy sigo pensando en el mar, sigo queriendo ir y habitar cerca de allí, y siempre te estaré agradecida por encender aún más mi amor por la arena, el calor y el agua salada (aunque donde tú vives en realidad haga frío). 

Los días que transcurrieron a ese, me sentí aún más allegada a ti. Tan enamorada como cuando recién te conocí, caminaba por la ciudad observando un mundo totalmente diferente al que había habitado toda mi vida: los pelícanos, las gaviotas, en la orilla del mar las pulgas, las algas incómodas que me asustaban cuando ya estaba sumergida en el agua, las caracolas... Estuviste en todas partes esos días, habitar la costa era habitarte a ti.

Mi segunda vez en el mar fue aún más especial, todo el tiempo que pude, escuché las canciones que en las noches colocábamos mientras charlábamos, mientras nos imaginábamos cerca. Estando allí observé muchas más cosas que para ti seguramente serían familiares, exceptuando por los manglares, que están en mi país y no en el tuyo. La brisa en la noche me hacía pensar en aquella canción que me mostraste, que sigo escuchando de vez en cuando, pensando en esos años, pensando en ti. 

Sigo queriendo ver el mar, verte algún día, hablar contigo, conocerte y cumplir pequeñas cosas que en el pasado nos dijimos, ver las estrellas recostados en el pasto, sentarnos juntos en la orilla del mar en cualquier país, caminar tomados de la mano y charlar sobre nuestras vidas. Actualmente no podría siquiera intentarlo de la misma forma que antes, lo más bello del amor es que nunca se va, sino que cambia la forma en la que se siente, y por más que pase el tiempo, nunca dejaré de amarte. Aunque tal vez nunca leas esto, hoy quería decirle a todo el que pueda leerme que eres mi primer amor, y de lo más puro y sincero que he tenido, que te querré siempre, aunque no volviese a saber de ti, te querré hoy y siempre. 

En alguna playa chilena nos veremos en algún año, o en alguna vida. 

Con cariño,

S.




viernes, 5 de junio de 2026

Un silencio para mí

Estoy enferma y recuperarme se está convirtiendo en un trabajo difícil, más que culpar a la enfermedad por esto, pienso en lo sola que me sentiré cuando me recupere y no tenga a quien decirle que ya estoy bien, que sí, que podemos salir, que no, no hay problema por el dinero, que podemos salir a comer cualquier cosa, que estaré feliz de la compañía después de esta terrible semana y esta terrible molestia en el estómago que me impide pararme de la cama. 

Hoy pienso en todos los futuros que se hallan ahora inexistentes, todas las últimas despedidas y todos los amores que se dejan ir por otros futuros y otros amores. Pienso también en este pueblo tan pequeño, en el que siento que ya he conocido todo y a todos; que en algún momento tendré que salir nuevamente al mundo real y encontrarme con la compañía de los demás y mi propia soledad que hoy me acompaña, así como lo ha hecho siempre después de salir de la casa de alguien que amo. 

¿Por qué será que dejar ir para algunos es tan fácil y tan difícil para mí? Imagino todos los juguetes y todos los juegos de mi infancia, todas mis amigas adolescentes, todos los te amo que salieron de mí y que se quedaron en fechas exactas, para nunca volver a ser pronunciados como ese día. Es sorprendente cuando y como las cosas acaban, es triste el silencio, el silencio de los demás para mí, las palabras que no se vuelven a decir y los sentimientos que atascados quedan, no se sabe si en papel o en el teclado de algún aparato, pero en algún punto quedan. 

La música que uno aprende de los demás, los libros, las películas, todas esas cosas se convierten como en niños con padres divorciados, se quedan en un limbo donde ya no se sabe bien a quién pertenecen ¿Quién tiene más derecho de quedarse con esto? ¿Quién dejará olvidado primero un recuerdo?

jueves, 12 de febrero de 2026

Crecer y volverse maternal

 ¿En qué momento una se levanta un día y asume su papel de mujer en el mundo? Me parece curioso ya no poder recordar con exactitud cómo era mi cuerpo de niña, ahora para mí cada día está medido según mis hormonas y qué tan cerca estoy del periodo, si me siento muy triste es que seguramente me va a llegar; si me siento feliz es que estoy ovulando, reviso el calendario y efectivamente es ese día del ciclo en el que se esperaría que este sea el estado de ánimo y la energía. Eso me parece muy agotador, toda mi vida estaré expuesta a los cambios de mi ciclo (súmale a eso las cosas que suceden alrededor cada día y posibles traumas de infancia).

Curiosamente en mi fase lútea me siento muy cómoda para escribir, me vuelvo reflexiva y todo lo que veo o lo que escucho es un motivo para reflexionar o dibujar, y también lloro un montón, incluso más que cuando tengo el periodo, me siento sensible física y emocionalmente y me dan ganas de encerrarme en mi mundo para siempre. Así ha sido esta semana, con la diferencia de que he perdido un poco el tiempo (4 horas diarias aproximadamente) jugando videojuegos, me gusta mucho jugar aunque no sea muy buena, pero mis tardes se han convertido únicamente en eso y ya me duelen la espalda y los ojos, a veces se me olvida mirar por el balcón y darme cuenta de que el sol hoy está como más me gusta y que ningún día se va a repetir jamás. Creo que por eso mismo estoy escribiendo, me levanté de la cama hace rato después de estar todo el día jugando solo porque me picaban los dedos y necesitaba calmarme de esta forma, no tenía muy claro de qué hablar pero quería escribir algo. Cuando me canso de jugar (generalmente me pasa esto a las 7 de la noche) me pongo a leer, esta semana me llegó una tablet que había comprado hace días y la he aprovechado para desaprovecharme y también para la lectura antes de dormir, justo ahora me estoy leyendo La mujer incierta de Piedad Bonnett, un libro que me mencionó mi amiga más querida. Apenas lo empecé a leer me sentí profundamente identificada incluso en cosas que no he vivido, en cierta parte del libro (no lo he terminado) la autora habla sobre la maternidad, claramente no he sido madre pero he estado al cuidado de bebés y eso despertó por siempre mi sentido maternal, para mí cuidar un bebé no es algo doloroso, más aún si al bebé ya se le tiene un cariño, recuerdo que los días en los que cuidé a mi primo me quedaba horas viéndolo dormir, viendo como se movía torpemente para estirarse o acomodarse según le fuese más cómodo, y apenas se despertaba ya estaba yo poniéndolo entre mis manos por si necesitaba algo, si lloraba lo consolaba con un amor que nunca antes había sentido y me creía lista para cuidar a todos los bebés del mundo. Mi papá a veces llegaba y lo cargaba con entusiasmo, aunque mi primo no es familia de sangre para él, a mi papá se le notaba el amor también, me imaginaba yo siendo la que era cargada y a él mimándome, como en algún momento del inicio de mi vida fue. También veía a mi mamá cuidarlo, ella fue la que me enseñó cómo debía tratarlo, qué era lo que tenía que hacer cuando lloraba, como bañarlo y cambiarle la ropa y los pañales y arrullarlo cuando quisiera dormir, en los momentos donde ya mis manos de primípara en la crianza no alcanzaban, mi mamá me ayudaba para lo que necesitaba, no siempre lograba entender lo que mi primo quería, pero ella, en cambio, podía dominar perfectamente cualquier molestia o necesidad del bebé, entonces otra vez me dedicaba por completo a observar hasta que él se calmaba y nuevamente mi mamá me lo entregaba ya domado. La madre de mi primo llegaba luego por él, recuerdo cuando llegaba de estudiar, aún con el uniforme, sacándose el pecho para darle de comer porque ella sentía que la leche le bajaba y eso significaba que el niño tenía hambre, eso no lo comprendo, es una sensación que cuando la escucho me resultaba hasta desagradable pero a la vez mágica: la conexión que tiene un hijo con su madre es la primer cosa que un humano adquiere al llegar al mundo y es lo más corto. A pesar de que con mi mamá he tenido tantos problemas desde inicios de mi adolescencia, lo primero que pienso cuando me siento muy triste es en un abrazo de ella, sin que se dé cuenta de qué es lo que me aqueja porque no quiero que empiece con interrogatorios, voy hasta donde está y la abrazo, no es algo que ocurra muy a menudo (supongo que con el tiempo se olvida gran parte de esa conexión) pero cuando ocurre siempre me siento mejor, me recuerdo a mí misma de niña en medio de mis llantos porque me caí o porque alguien me dijo que era fea. 

Ser maternal es algo que posiblemente me acompañe siempre, cuando a alguien que quiero le sucede algo, lo primero que pienso es darle un abrazo y recostar su cabeza en mi pecho, no sé si es por la forma en la que toda mi vida mi mamá y mi abuela me abrazaron que terminé adquiriéndolo, pero es mi forma más cariñosa de dar un abrazo, no solo por el corazón sino por los pechos, es un acto inconsciente pero siempre lo hago cuando pasa algo malo. La mayoría de los actos de cuidado a los demás, que parecen lo que cualquier persona haría por cariño, siento que lo hago desde la maternidad, y sé que a mí no se me nota pero me siento a veces como cuando cuidaba a mi primo, ese deseo del bien del otro, de estar siempre pendiente de si hay alguna cosa que le aqueje, que le incomode, algún mal que necesite sacarse y no pueda por su propia cuenta.

domingo, 8 de febrero de 2026

Hojas en blanco

 Me dan miedo las hojas en blanco, me cuesta muchísimo empezar algo porque nunca sé cómo hacerlo, generalmente cuando escribo para el blog primero hago dos bocetos de lo que quiero comunicar y borro y vuelvo a borrar hasta que logra convencerme un poco más, cuando dibujo detesto la parte de empezar los bocetos porque no tengo idea de cómo dibujar lo que estoy pensando, y lo mismo me sucede cuando tengo trabajos escritos por hacer, no sé dónde comenzar a investigar ni cómo empezar a redactar introducciones. Mi parte favorita son los desarrollos, cuando ya puedes escribir con mucha más agilidad y la idea ya la tienes mucho más clara, cuando estoy escribiendo me gusta mucho el segundo párrafo, cuando dibujo me gusta mucho empezar el lineart (suelo hacerlo antes de colorear). 

Creo que así funciono un poco para todo, me da mucho miedo los comienzos, para mí la parte más difícil de un noviazgo o una amistad es el inicio, porque aunque es interesante conocer cosas nuevas de una persona me resulta mucho más cómoda la cotidianidad de lo que ya se sabe y la confianza que se tiene después de un tiempo, normalmente evito conocer nuevas personas por esa misma razón (esto me pasa menos con amistades, pero igual ocurre), me da un montón de miedo no saber nada de alguien y que la otra persona no sepa nada de mí, es evidente que para poder conocer a alguien o hacer un escrito o un dibujo tiene que haber un inicio donde puedas desarrollar la idea o la amistad, pero yo quisiera que uno pudiese empezar por el desarrollo. 

Hoy estaba pensando en eso mientras me levantaba de la cama, mañana regreso a clases y empezaré el semestre en el que se hacen prácticas empresariales, lo cual detesto, quisiera poder saltarme todo este semestre y comenzar con el otro teniendo ya los conocimientos adquiridos de las prácticas. Me siento bastante mala para esta carrera, ya voy a comenzar cuarto semestre y no siento que haya mejorado mi forma de diseñar, yo soy buena para ilustrar, lo disfruto un montón, pero en mi carrera esto no es algo que se haga a menudo (además de lo que tenemos que hacer no es mi estilo). Yo pienso mucho en lo que haré cuando me dejen trabajos en las prácticas y tenga que empezar desde cero, me angustia un montón, si me cuesta escribir o dibujar, que es en lo que me considero buena ¿Cómo haré el resto de cosas? 

Siento que mi miedo de empezar las cosas me frena un montón, yo comencé a estudiar diseño por no tener algo más qué hacer y lo empecé my esperanzada de mi futuro y de lo que podría aprender, ahora mismo yo quisiera estudiar algo más pero sé que será horrible el inicio para mí. El hecho de tener que irme a una ciudad que no conozco a vivir sola, a moverme por las calles sola, a conocer personas nuevas y comenzar una carrera que tampoco estoy segura de que me guste me resulta angustiante. Quisiera poder hacer todo por mi propia cuenta, he sido muy empírica toda mi vida, las cosas que he aprendido respecto a mis talentos lo he hecho sin ir a academias o escuelas, pero sé que podría ser mucho más fácil si me dedicase a estudiar más a fondo. 

Pero bueno, los finales también dan miedo. 

miércoles, 28 de enero de 2026

Apuntes de cuaderno pt.2

28 de enero del 2026 a las 2:15 p.m 

Hay gotitas de amor en el aire. O de desamor, es lo mismo. Me caen en la cara y se me empañan las gafas ¿Dónde será que vamos a coincidir, amor? ¿Será acaso en algún autobús de alguna ciudad de algún país? Hay millones de vidas, pero yo te quiero para mí, te quiero encontrar dormido y despertarte con las mismas gotitas que me golpean hoy. 

Es algo como un rocío, como los besos o como el sudor después del amor. Como los poemas que no envío ni enviaré y como lo que callas; como tu ausencia y mi ausencia y las risas. ¿Dónde será que vamos a coincidir, vida? ¿Será acaso después de la muerte? Hay un pequeño chorrito que me golpea el brazo y me despierta como enojada todas las mañanas. Deberíamos aprender a no coincidir en tardes como esta, mientras tú vives tu muerte yo te tiro la torre. La torre, esa torre tuya y nuestra y de otros, el arcano 16 en el que vives de forma perpetua. 

Me parece a mí que las gotitas de amor son en realidad de otra cosa, pero no sabría bien qué, no sabría decirte qué me pasa ni por qué justo hoy las cosas son así. Nos amaremos tanto que el amor va a estar celoso de nosotros. ¿Será que vamos a coincidir en algún momento? Me siento cansada de sentarme cada tarde a la espera de un eclipse de sol, de ese instante en el que todo es una sola cosa y es hermoso. 

Parece que en esta vida no hay de esos eclipses, solo hay gotitas. 

 


martes, 27 de enero de 2026

Confesiones de (des)amor pt.1


Hace mucho tiempo que no estoy en una relación seria y estable, ya he olvidado cómo se siente estar acompañada de alguien y salir seguido con una persona, dar regalos y ese tipo de cosas. Pronto es 14 de febrero y eso me desanima, en mi país no es tan común celebrar San Valentín (lo hacemos en otro mes y con otro nombre) pero igual es una fecha que me incomoda bastante, veo en internet a un montón de personas que lo celebran y presumen a sus parejas y me siento muy sola. 

No soy una persona demasiado envidiosa pero es inevitable para mí estar triste al ver a todos a mi alrededor tan enamorados, yo no entiendo cómo hacen para que sus relaciones sean duraderas ¿Seré yo el problema? Hace bastante tiempo me siento enamorada de alguien pero esa persona no quiere tener nada serio conmigo, yo creo conformarme con la amistad a veces,  creo que puedo con eso, y luego me siento muy sola y desearía que me quisiera de la misma forma en que yo lo quiero. Es triste porque ambos nos gustamos (al menos en palabras de él) pero también me ha hecho mucho daño, y sigo pensando que tal vez en un futuro pueda cambiar, que tal vez ya no quiera lastimarme más sino que quiera formalizar algo conmigo, pero no sé, no sucede nada, es como si todo siempre se quedara estancado, me resulta triste. 

Me enamoré de él hace más de un año y desde entonces no he podido fijarme en otra persona, y de verdad que lo he intentado, no me gusta mucho conocer gente ni salir con hombres pero muy de vez en cuando lo hice porque quería darme la oportunidad de saber y reconocer que él no era el único que existe, pero no logro conectar con nadie de la misma forma, no consigo olvidarlo o dejar de verlo de la forma en que lo veo. Es chistoso, a él no le gusta leer y yo he escrito un montón de cartas y poemas y ahora esta actualización que no leerá porque no le gusta leer, él tiene el link del blog y no ha entrado ni una sola vez a verlo, yo sé que si leyera esto sabría perfectamente que me dirijo hacia él pero es que no lo hará. 

El amor romántico lo vivo un poco desde el dolor y el sufrimiento, no ha habido una sola vez en la que yo me enamore y no sienta que el mundo se me cae encima, estoy enseñada a amar de esa forma y no me gusta, sé que no me hace bien, pero a la vez me quedo en medio de eso. Muchas de mis amigas tienen relaciones estables y me dicen que no debería seguir en la situación en la que estoy, que no debería humillarme por nadie, que no debería aguantar lo que aguanto y tal vez sea verdad, pero no sé, qué voy a saber yo, para mí ese hombre lo es todo y tengo miedo de pensar de esa manera por mucho tiempo y no lograr estar con nadie porque tal vez en algún momento se decida a estar conmigo. 

He sido aconsejada muchas veces, incluso fui a terapia un poco por eso (no solo por eso, aunque era una razón) pero no he logrado avanzar nada, no he logrado sentir que merezco más o que debo olvidarme de él, siento que es algo que ya he aceptado, saber que no estará conmigo y que estaré viendo triste a las parejas felices que caminan por la calle y se van tomados de la mano... Me pregunto por cuánto tiempo me mantendré a la espera hasta que él quiera que nos alejemos del todo. 

He hecho ilustraciones también inspirada en él, he tratado de expresarme de muchas formas pero para mí ninguna es suficiente, yo quisiera poder gritarle al mundo lo mucho que lo quiero, quisiera poder decirle a los demás que así son las cosas, que nos queremos, que queremos estar juntos, que somos felices, que salimos y nos besamos y somos él y yo. Pero nada de eso sucede, todo se queda siempre en mi mente y en mis fantasías. Y varias veces nos hemos alejado, me he enojado con él y he sentido que no quiero hablarle nunca más... Pero aquí estamos otra vez y otra y otra. 





lunes, 26 de enero de 2026

Apuntes de cuaderno pt. 1

 La parcera – La muchacha

26 de enero del 2026 lunes 9:53 a.m 

Hoy es uno de esos días en los que quiero escribir pero no sé exactamente sobre qué. A este cuaderno le quedan unas pocas hojas, un par de paginas y se acaba, tendré que empezar otro y este quedará junto con los demás, pero en este he escrito mucho más lo que siento. Es como año nuevo, la misma sensación. 

En unos años leeré esto como leo lo demás y me daré cuenta de lo inmadura que soy ahora. Santos que yo te pinté – Los Planetas. Este año me llegan cartas de mi yo del pasado a mi yo del futuro, no soy lo que fui y tampoco soy lo que seré. Ahora mismo soy un proceso, soy como el envío de las cartas, en unas semanas empezaré clases y es tan extraño eso, ni siquiera me he matriculado y no estoy inscrita para las pruebas, otra vez tendré que madrugar y ver a mis compañeros y a él...

Siempre verlo a él. 

En fin, no lo hablaré en este momento. 

Ahora mismo termina Santos que yo te pinté y se me fue toda la inspiración y siento que Dios no me escucha porque yo no puedo escucharlo, hay una interferencia en mi corazón, el día está nublado. La luz mala. Los días son lentos aquí, no me inspiro con nada, no quiero estar en el celular. 

Todo momento es pasajero así como todo lo pasajero está hecho por momentos. ¿Qué cosas son las que no dejan de ser pasajeras? ¿Las superpotencias? ¿La corrupción? ¿El amor como concepto general y no individual? Yo no tengo idea de lo que vi. 

Quiero dinero para comprar la tablet pero ¿Y si no le llego a dar el provecho que debería? ¿Qué pasaría con eso? Me imagino todas las tardes con Nata dibujando pero el Procreate también cuesta, quisiera algo nuevo, algo no usado y totalmente mío. Pero es que nada es mío, ni mis libros, ni mis palabras ni mi cuaderno, lo más mío que tengo es mi propia persona, ya casi no hago poemas. Last kiss, now she's gone, oh where oh where can my baby be? En fin. 2026, quién sabe lo que tenga por enseñarme este año. 

En el 2024 aprendí que nadie está para uno tan incondicionalmente como uno cree, también aprendí que soy mucho más que los límites que me pongo. Ya bajé la guardia hace algún tiempo, no me dejen solo por ahí, ya le rendí cuentas al destino, don't follow me. En el 2025 pónganme anestesia sin apuro que me está costando sonreír aprendí que no todo lo malo es para siempre, que no me quedaré en soledad eterna, pero un poco sí. Llevo una tristeza encima que no puedo revocar

No sé que debí aprender los otros años, no los tengo muy presentes, en el colegio nunca me fue del todo bien ¿Qué son un par de notas buenas? Igual no me fue del todo bien. Soy la sombra de una luz que no se puede apagar. 

No me siento honesta pero sé que eso está bien, he sido honesta desde que comencé a escribir. Amor de primavera, siempre amor de primavera, no puedo escuchar esa canción. Ya no quiero verte más ni encontrarte en mi camino. Es mentira. No me importa lo pasado ni el presente de tu vida. Es mentira. 

¡Qué desorden! No me quedan muchas paginas y tengo calor y quiero un calor que no me va a brindar el que tiene frío. 

Mi alma está perdida. 



  • La parcera – La muchacha
  • Santos que yo te pinté – Los Planetas
  • La luz mala – Riki Musso 
  • Last kiss – Pearl Jam 
  • El asunto – Tan Biónica
  • El alma en el camino – Tan Biónica
  • Amor de primavera – Conjunto Chaney 
  • Quererte ya no puedo – Lucho Bowen 


martes, 20 de enero de 2026

Lo que no es (y nunca fue)

 Hoy vi a mi ex mejor amiga pasar dos veces por donde trabajo, la primera vez fue en la tarde, mientras estaba con mi mamá y mi hermana, y la segunda vez fue por la noche cuando estaba sola. Ella no había pasado antes por ahí, yo ya había pensado en eso, en cómo sería mi reacción si la viera y no pensé que me lo tomaría tan mal como fue en realidad. 

Yo fui quien terminó nuestra amistad hace más de un año pero me sigue doliendo igual de fuerte, por un tiempo la odié, después la perdoné, la volví a odiar y ahora no comprendo el sentimiento, es casi como ver a un ex novio cuando recién se termina la relación, pero ya ha pasado tanto tiempo y me sigue afectando tanto verla. Sé que lo mejor que pude hacer por mí fue alejarme, recuerdo que durante el tiempo en el que fuimos más cercanas me recalcaba un montón que yo era menos atractiva que ella y que nadie se fijaba en mí por lo mismo, se reía de diferentes aspectos de mi cuerpo y cuando yo le parecía linda a alguien hacía lo posible para que la persona se fijara en ella y siempre le resultaba. 

Es extraño, nos recuerdo caminando por el pueblo, saliendo a fumar, estando acostadas en mi cama o en su cama y las veces que lloramos junto a la otra; nos recuerdo desde el colegio, conociendo tantas etapas nuestras y caminando por los pasillos mientras hablábamos de trabajos que hacíamos juntas y niños que le gustaban. Todo eso simplemente dejó de existir y ya, nunca más va a ser porque es posible que las dos nos tengamos el mismo rencor. Extrañar una amistad es algo rarísimo, diría yo que es peor que extrañar una pareja, sé perfectamente que nuestra amistad nunca volvería a funcionar y tampoco me gustaría que lo hiciera, pero aún así me es imposible sacármela del todo de mi cabeza, fue la primera amistad a la que le dije que la amaba y realmente yo lo sentía, yo pensaba que nuestro amor era mutuo, que ambas nos queríamos por igual y nos deseábamos el bien de la otra. 

¿Cuánto tiempo durará este dolor? Cuando pienso que ya todo va mejor vuelvo a verla y solo quisiera morir de tristeza. Desde que nuestra amistad terminó no puedo dejar de compararme con ella, somos tan diferentes físicamente y siempre fue considerada como la atractiva de las dos, sé que es completamente consciente de eso y por lo mismo esa fue su forma de actuar... No creo que alguien más pueda hacerme sentir tan insegura conmigo como ella. 

Y hablar sobre el porqué terminó nuestra amistad es complicado, fueron problemas que se acumularon hasta que estallaron, yo intenté hablarlo pero no me sentí escuchada y sé que su versión de lo que pasó es totalmente diferente, hace unos meses un ex de ella me escribió diciendo que hablaba mal de mí con todas las personas con las que tenía contacto. Siento que habla desde la rabia y yo lo hago desde el dolor, me siento traicionada y siempre me sentiré así, siempre tan insegura y tan triste cuando la vea. 

He escrito un montón de cartas y de poemas para ella y me duele mucho no tener a quien mostrárselos, no siento que haya alguien a mi alrededor que pueda entender del todo mi situación y me frustra mucho. Sé que siempre tendré la duda de por qué decidió actuar como actuó si sabía que me lastimaría, si se suponía que nos amabámos la una a la otra, si nos conocíamos tanto desde hace tantos años.

martes, 13 de enero de 2026

Martes 13

Me encuentro trabajando al momento de escribir esto. Mi trabajo es cosa simple, todo el día estoy sentada en una silla mientras espero a que lleguen clientes en un local muy pequeño, demasiado pequeño. Es mi primer trabajo, me lo ofreció el esposo de una prima, y la verdad es que no está mal, a mí me gusta mucho poder ilustrar o escribir y se me está permitido hacer todo eso. 

Sin embargo, he aprendido aquí que no soy la clase de persona que se queda en un solo sitio. Cuando estoy muy aburrida y ya no tengo nada qué leer, escribir o ilustrar, observo a las personas y me pregunto a dónde irán, si acaso son conscientes de que están siendo observadas y si realmente sabrán a dónde van o solo andan por andar. Normalmente, estando en vacaciones, me quedo en la cama todo el día, quejándome de no estar en clase (cuando entro a clase me quejo de no estar en vacaciones) y no suelo aprovechar mucho el tiempo que tengo. En cambio, ahora que estoy trabajando, me imagino todas las cosas que haría si no estuviera aquí sentada por casi 10 horas. Saldría a caminar toda la tarde, recorrería senderos con mis amigos e iría a ríos; iría a eventos que se hacen en mi pueblo; escribiría todo el tiempo. La lista sigue. 

No soy malagradecida con mi trabajo, la verdad es que de cierta forma hacía falta, no soy buena hablando con las personas, desde la pandemia es algo que me cuesta mucho y casi siempre cuando le hablo a un desconocido termino pasando vergüenzas. Trabajando me he visto en la obligación de dejar mis miedos y vergüenzas a un lado y atreverme a dialogar, me ha salido bien, hay gente muy amable y otras personas son muy groseras. A veces son tan groseras que me quedo todo el día con un nudo en la garganta muy incómodo y sé que si me vuelve a hablar así cualquier otra persona romperé a llorar. 
Pero hoy ha sido un día tranquilo, muy tranquilo, no ha llegado casi nadie y he tenido tiempo de actualizar el blog. También he tenido tiempo de escribir, desde hace unos días empecé a hacer un libro, tal vez luego muestre algunas cosas que escribo. 
Y hoy es martes 13, como la canción de Cora Yako, es martes 13 y el día es un poco triste. No soy fan de los martes ni del número 13.

Tao

Hace mucho que no escribo, llevo varios meses intentando escribir algo que cambie el mundo o al menos me cambie a mí, pero termino borrándol...