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lunes, 1 de junio de 2026

10

 Nos hemos perdido en alguna parte de esta ciudad, a veces siento que hay tanta gente alrededor que si nos soltamos de la mano nunca volveremos a encontrarnos. Me parece curioso que podamos perdernos y volver a encontrarnos con el tiempo siempre y cuando se trate de una cama, yo no quería volver a escribir sobre ti y lo lamento, lo lamento porque hace meses no nos vemos, pero entre este laberinto mágico lleno de casas y de tierra, presiento que terminaré chocando y volviendo a conocerte con otra edad y con otros sueños. 

 

La última vez que nos vimos (o bien, pudo nunca haber pasado eso) me dijiste que nuestra relación es buena cuando se basa en nuestra amistad, lo cual es una palabra hermosa y me gusta tener amigos. Creo que escribo con rabia, lo siento, lo siento porque escribo con rabia y porque quemaré esto en un rato tal vez, y nunca te enterarás de cuánta rabia te tengo. Sueño constantemente con que estamos en tu cama y que me acaricias el pelo mientras intento dormirme, pero el pelo se me enreda, y me despierto aún más molesta sabiendo que estás ausente, que siempre lo has estado, que no importa en cuántas camas nos hayamos acostado porque en realidad yo estaba sola. 

 

Niño, es una realidad muy triste porque casi siempre pienso en tu pelo negro cuando te bañabas y yo te esperaba en la pieza, analizando las cosas que tienes colgadas en las paredes, ¿será que aún conservas las piedras que le robábamos al mundo cuando nos quedábamos caminando a oscuras por las calles? Como dos tontos enamorados, quiero creer que eso fuimos alguna vez. Quiero creerlo, pensar que no fui la única que pudo llegar a amar de una forma tan intensa. 

 

Las cosas terminan muy extrañas, o simplemente no terminan, por más que pase el tiempo sé que inevitablemente regresaremos a ese momento en el que estábamos antes de soltarnos las manos, así tan amantes y tan escondidos y a la vez tan mostrados al mundo, eso es lo que somos y lo que siempre hemos sido, así como siempre seré tuya y siempre lo he sido. No comprendo mi necesidad de hacerme un poco más pequeña, no comprendo mi necesidad de escribirte cartas y poemas y pensar en las flores que me traías en nuestras primeras citas (hoy quiero decir que fueron citas y no simples encuentros, salidas casuales, dos amigos que se quieren y por eso se toman de las manos). 

 

Hoy me toca escribirte una carta corta porque por más larga que sea terminará siendo quemada, y estas palabras tan amargas que tengo guardadas en el alma se irán con el humo y llegarán a tocarte la ventana o el hombro, desde donde sea que estés, en cualquier parte del mundo y volveremos tomarnos de la mano frente a la puerta de mi casa, como antes de que te fueras y me dejaras aquí escribiendo con alguna parte de mi alma destrozada, intentando adivinar cuál es. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

Capítulo 2

 Anoche soñé con un puente infinito que se sostenía por mentiras, me desperté como asustada y me di cuenta de que había dejado en el trabajo el último papelito en el que había escrito una conversación de dos compañeros en el almuerzo. Pensé entonces que el papelito ni siquiera sería leído y que aquella conversación se quedaría por siempre en el olvido, se sintió como la resaca, tuve que cepillarme la boca en seguida, quería quedarme acostada y dormir todo el día, pero sabía que si lo hacía volvería a soñar con el puente infinito. 

¿Qué es un puente infinito de mentiras? Me lo pregunté mientras hice el desayuno y seguí preguntándomelo cuando salí a la calle, tal vez me hubiese quedado pensando en eso todo el día, de no ser porque creí verte por un momento hablando con tus amigos. Fue un pequeñísimo momento, como si estuvieras con tu ropa de siempre, con tus amigos de siempre, hablando lo de siempre que luego yo escribiría, pero ¿cómo estarías aquí? No seguí pensando en eso ni en nada después, no pude recomponerme del puente infinito de mentiras en el que yo estaba caminando. 

Niño, los días transcurren más lentos de lo normal, es como si algo los hubiera alargado, como si todos nos hubiésemos puesto de acuerdo para atrasar nuestros relojes una hora y así nos quedara más tiempo para hacer las mismas cosas de siempre, como trabajar o hacer el amor. No me molesta eso porque puedo detenerme a mirar en las vitrinas de las tiendas los detalles de los objetos que hay en ellas y me quedo allí media hora que en realidad han sido cinco minutos, pero entonces no estás viéndolas conmigo y termina pareciéndome un poco aburrido no hacer chistes malos, no escuchar los chistes malos ni reírme de los chistes malos. 

 

Ahora mismo me siento muy triste por el papelito perdido, que no será encontrado por ti ni por mí ni por nadie, y la conversación simplemente será algo más de la rutina. No recordaré de qué era aquella charla, así como no recordaré de qué color eran las sábanas de tu cama, ni cuántas veces lloré pensando en este momento mientras tú me consolabas porque pensabas que yo lloraba por otras cosas que también me ponían muy triste. Me he lavado mucho la cara, pero ya es como si los fantasmas de las lágrimas se presentaran tanto como el fantasma tuyo lo hace cuando me siento bien. No quiero que me malinterpretes, niño, los fantasmas de tu presencia me alivian un poco, pero cuando intento tocarlos como te tocaba a ti, me entero de que estoy caminando y caminando por puentes infinitos de mentiras como el que soñé anoche y el que soñaré despierta cuando mire las vitrinas sin ti. 

lunes, 11 de mayo de 2026

Capítulo 5

 No sé dónde me encuentro al momento de escribirte esto. Acabas de irte, acabamos de darnos un beso simple y acabas de irte, yo podría estar en mi cama y también podría estar en el mar. Podría estar en las montañas de algún país que no he visitado y que posiblemente nunca vaya a visitar. 

Me pregunto si te fijarás en la forma en la que el viento sopla cuando algo nos une. Cuando no estamos juntos, de igual forma el viento nos persigue hasta golpearnos. Ese viento llegó incluso en mis días en el mar, antes de conocerte la tristeza se me anticipó en la playa. 

Me siento como las plumas de cualquier pájaro y como las nubes de cualquier cielo. Todavía siento tu calor aquí a mi lado, y siento también mucha hambre, tú te despediste de una forma tan natural que me dio rabia y ahora estoy triste. Acabo de recordar una tarde de hace varios años, cuando era niña y comía tréboles de los parques donde iba con mis papás, siempre lo hacía a escondidas y cuando se dieron cuenta de eso, dijeron que seguramente me daría una infección en la boca porque los perros y los viejos borrachos orinaban los tréboles. Es algo que tengo que contarte la próxima vez que nos veamos.

La próxima vez que nos veamos, quien sabe cuándo, quien sabe si es la última vez de verdad, quién sabe por cuánto tiempo jugaremos a que es la última vez. Nadie sabe nada, yo podría morirme hoy, podría cortarme las venas en el baño, podría sin querer caerme y romperme la cabeza o ahogarme con un arroz y morirme. Así de simple, así como la gente muere todos los días y como algún día nos moriremos tú y yo... Me molesta saber que en un futuro no estarás, que serás un recuerdo dentro de otros recuerdos y que luego te pensaré en momentos en los que nunca estuviste o te borraré de otros en los que te hallabas. Resulta tan inquietante eso que me dan ganas de llorar para siempre. 

 

Mañana seguramente te veré y nos reiremos y la tristeza se me irá porque terminaré en tu cama, leyendo algún libro o contándote cualquier cosa que no te importa. Mañana seguramente te veré y hablarás un montón y yo apuntaré lo que escribes y se me olvidará en tu cuarto, y luego, después de despedirnos para siempre, nos veremos a los dos días y mencionarás una frase de una conversación que escribí y me sentiré tan feliz. Siempre es así, siempre me duele, estoy muy feliz y luego duele el doble. 

No sé, niño, no sé por qué sigo escribiendo con la misma voracidad con la que te beso. Yo escribo como si me estuvieras amando, no sé por qué lo hago si no lo verás, si no me amarás y si no vamos a ser en ningún momento. ¿Tú recuerdas los momentos en los que nos hemos visto a los ojos? Creo que la primera vez que te vi con esa sonrisa que llega cuando llega el viento, fue en una de esas salidas con tus amigos, donde tú acercabas tu rodilla a la mía y entonces hiciste el primer chiste malo. Oh, amor. Ese chiste fue como romper un plato, aún tengo el papel en el que lo escribí cuando llegué a casa. Fue tan malo que todavía me da risa, aunque pensándolo bien, más bien me hace cosquillas. 

 

Como sea, todavía tengo mucha hambre. Quisiera comer de esas tostadas francesas que venden en el restaurante en el que a veces voy a desayunar con mis amigas, siempre pido la tostada francesa, no hay nada en el mundo que sepa mejor que la tostada francesa de ese restaurante a las 8:45 de la mañana. No creo que a otra hora la tostada sepa igual y no creo que en otro restaurante la puedan hacer tan rica. Lo mejor es la canela, la canela sabe como al medioevo, no sé cómo explicarlo, pero puedo jurar que sabe al medioevo. Hace días escribí la palabra canelo en un papel que se me quedó en tu casa. Era solo esa palabra y seguramente no le verás sentido, pero así se llama el gato de una vecina de cualquier persona que pasaba por la calle cuando lo escribí. Según palabras de esa persona, el gato era un persa de pelaje naranja divino. Cuando lo escribí pensé en el árbol de canela, canelo, que tiene hojas perennes. Yo creo que lo que siento por ti es como un canelo, como un gato persa naranja de pelaje divino o bien, un árbol de canela con hojas perennes. Perenne, esa palabra también me gusta. En botánica, las plantas perennes son las que tienen hojas que duran más de dos años y sobreviven a las estaciones, eso es algo que voy a querer contarte la próxima vez que nos veamos. Ojalá haya una próxima. 

Tao

Hace mucho que no escribo, llevo varios meses intentando escribir algo que cambie el mundo o al menos me cambie a mí, pero termino borrándol...