No sé dónde me encuentro al momento de escribirte esto. Acabas de irte, acabamos de darnos un beso simple y acabas de irte, yo podría estar en mi cama y también podría estar en el mar. Podría estar en las montañas de algún país que no he visitado y que posiblemente nunca vaya a visitar.
Me pregunto si te fijarás en la forma en la que el viento sopla cuando algo nos une. Cuando no estamos juntos, de igual forma el viento nos persigue hasta golpearnos. Ese viento llegó incluso en mis días en el mar, antes de conocerte la tristeza se me anticipó en la playa.
Me siento como las plumas de cualquier pájaro y como las nubes de cualquier cielo. Todavía siento tu calor aquí a mi lado, y siento también mucha hambre, tú te despediste de una forma tan natural que me dio rabia y ahora estoy triste. Acabo de recordar una tarde de hace varios años, cuando era niña y comía tréboles de los parques donde iba con mis papás, siempre lo hacía a escondidas y cuando se dieron cuenta de eso, dijeron que seguramente me daría una infección en la boca porque los perros y los viejos borrachos orinaban los tréboles. Es algo que tengo que contarte la próxima vez que nos veamos.
La próxima vez que nos veamos, quien sabe cuándo, quien sabe si es la última vez de verdad, quién sabe por cuánto tiempo jugaremos a que es la última vez. Nadie sabe nada, yo podría morirme hoy, podría cortarme las venas en el baño, podría sin querer caerme y romperme la cabeza o ahogarme con un arroz y morirme. Así de simple, así como la gente muere todos los días y como algún día nos moriremos tú y yo... Me molesta saber que en un futuro no estarás, que serás un recuerdo dentro de otros recuerdos y que luego te pensaré en momentos en los que nunca estuviste o te borraré de otros en los que te hallabas. Resulta tan inquietante eso que me dan ganas de llorar para siempre.
Mañana seguramente te veré y nos reiremos y la tristeza se me irá porque terminaré en tu cama, leyendo algún libro o contándote cualquier cosa que no te importa. Mañana seguramente te veré y hablarás un montón y yo apuntaré lo que escribes y se me olvidará en tu cuarto, y luego, después de despedirnos para siempre, nos veremos a los dos días y mencionarás una frase de una conversación que escribí y me sentiré tan feliz. Siempre es así, siempre me duele, estoy muy feliz y luego duele el doble.
No sé, niño, no sé por qué sigo escribiendo con la misma voracidad con la que te beso. Yo escribo como si me estuvieras amando, no sé por qué lo hago si no lo verás, si no me amarás y si no vamos a ser en ningún momento. ¿Tú recuerdas los momentos en los que nos hemos visto a los ojos? Creo que la primera vez que te vi con esa sonrisa que llega cuando llega el viento, fue en una de esas salidas con tus amigos, donde tú acercabas tu rodilla a la mía y entonces hiciste el primer chiste malo. Oh, amor. Ese chiste fue como romper un plato, aún tengo el papel en el que lo escribí cuando llegué a casa. Fue tan malo que todavía me da risa, aunque pensándolo bien, más bien me hace cosquillas.
Como sea, todavía tengo mucha hambre. Quisiera comer de esas tostadas francesas que venden en el restaurante en el que a veces voy a desayunar con mis amigas, siempre pido la tostada francesa, no hay nada en el mundo que sepa mejor que la tostada francesa de ese restaurante a las 8:45 de la mañana. No creo que a otra hora la tostada sepa igual y no creo que en otro restaurante la puedan hacer tan rica. Lo mejor es la canela, la canela sabe como al medioevo, no sé cómo explicarlo, pero puedo jurar que sabe al medioevo. Hace días escribí la palabra canelo en un papel que se me quedó en tu casa. Era solo esa palabra y seguramente no le verás sentido, pero así se llama el gato de una vecina de cualquier persona que pasaba por la calle cuando lo escribí. Según palabras de esa persona, el gato era un persa de pelaje naranja divino. Cuando lo escribí pensé en el árbol de canela, canelo, que tiene hojas perennes. Yo creo que lo que siento por ti es como un canelo, como un gato persa naranja de pelaje divino o bien, un árbol de canela con hojas perennes. Perenne, esa palabra también me gusta. En botánica, las plantas perennes son las que tienen hojas que duran más de dos años y sobreviven a las estaciones, eso es algo que voy a querer contarte la próxima vez que nos veamos. Ojalá haya una próxima.
Acabo de encontrar tu blog y esta es la primera entrada que me aparece. Absoluta literatura. Viva el color verde x100pre!
ResponderBorrarayy, muchas gracias por leerme!!
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