Estoy enferma y recuperarme se está convirtiendo en un trabajo difícil, más que culpar a la enfermedad por esto, pienso en lo sola que me sentiré cuando me recupere y no tenga a quien decirle que ya estoy bien, que sí, que podemos salir, que no, no hay problema por el dinero, que podemos salir a comer cualquier cosa, que estaré feliz de la compañía después de esta terrible semana y esta terrible molestia en el estómago que me impide pararme de la cama.
Hoy pienso en todos los futuros que se hallan ahora inexistentes, todas las últimas despedidas y todos los amores que se dejan ir por otros futuros y otros amores. Pienso también en este pueblo tan pequeño, en el que siento que ya he conocido todo y a todos; que en algún momento tendré que salir nuevamente al mundo real y encontrarme con la compañía de los demás y mi propia soledad que hoy me acompaña, así como lo ha hecho siempre después de salir de la casa de alguien que amo.
¿Por qué será que dejar ir para algunos es tan fácil y tan difícil para mí? Imagino todos los juguetes y todos los juegos de mi infancia, todas mis amigas adolescentes, todos los te amo que salieron de mí y que se quedaron en fechas exactas, para nunca volver a ser pronunciados como ese día. Es sorprendente cuando y como las cosas acaban, es triste el silencio, el silencio de los demás para mí, las palabras que no se vuelven a decir y los sentimientos que atascados quedan, no se sabe si en papel o en el teclado de algún aparato, pero en algún punto quedan.
La música que uno aprende de los demás, los libros, las películas, todas esas cosas se convierten como en niños con padres divorciados, se quedan en un limbo donde ya no se sabe bien a quién pertenecen ¿Quién tiene más derecho de quedarse con esto? ¿Quién dejará olvidado primero un recuerdo?