Desde muy pequeña jugaba a ser grande, creo que es algo normal, una jugaba a ser mamá, a ser cocinera, a ser doctora, astronauta, bailarina, cantante y actriz. En mi infancia tuve una cantidad excesiva de profesiones que me duraban un día o dos hasta que descubría otra que me llamaba la atención, pensaba constantemente en todas las cosas que podría ser en un futuro, el mundo de posibilidades que tenía por delante y todo lo que podría aprender.
Cuando tenía diez años me imaginaba mucho cómo sería cuando tuviese la edad que tengo ahora, imaginaba el mismo mundo de posibilidades que pensaba estando más pequeña, y ahora que tengo la edad que tanto esperaba, me causa ternura mi forma inocente de ver el mundo, realmente no soy ni la mitad de lo que quería ser, sigo teniendo dudas todo el tiempo acerca de todo lo que hago, pienso y vivo. He estado rodeada de infancia estos días, he visto juguetes que quería, programas que amaba, juegos que me gustaban y me pregunto en qué momento dejé de tener los comportamientos infantiles que me acompañaron siempre. He leído libros y cuentos que me gustaban hace diez años y es increíble como la vida se escapa de las manos sin que nos demos cuenta, sé que en otros diez años pensaré en lo que soy en este momento y estaré igual de asombrada. Desearía no haberme preguntado tanto qué sería de mí ahora, si estaría estudiando algo que me guste y también me gustaría no haber deseado tanto crecer, pienso que tal vez mi deseo fue tan grande que el tiempo me pasó más rápido de lo normal, ahora no podría jugar ni imaginar el mundo de posibilidades con la misma constancia porque tengo que pararme de la cama o del piso y hacer trabajos, tengo que ir a pagar cosas, tengo que lavar los baños y sé que ya no puedo posponer más casi nada.
Sin embargo, me gusta tener diecisiete, me gusta poder asomarme por el balcón de mi cuarto y ver las montañas áridas porque ha parado de llover este mes; me gusta salir por las noches (que es el momento del día en el que generalmente estoy desocupada) y sentir el viento suave de la noche que recorre las calles vacías; me gusta saber que aún me queda un poco más de tiempo para mirarme con nostalgia y aún así hacer cosas que me gustan como dibujar o leer. Me gusta haberme reconciliado con quien fui, aquella niña que iba de rosado todo el tiempo, que saltaba por la casa y desorganizaba toda la sala para crear un mundo para sus juguetes, a mí ahora me gusta el verde, soy mucho más tranquila (aunque igual de locuaz) y me la paso en mi cuarto todo el tiempo, pero me reconozco constantemente en esa imagen de mi niñez. Sé que cada día me alejo más de mi infancia y estoy más cerca de ser una adulta, sé que la juventud se me escapará sin darme cuenta y la nostalgia me va a invadir las manos, sé que tendré muchos miedos porque no comprendo la forma tan particular en la que el mundo se mueve y aún así seguiré avanzando, seguiré creciendo, seguiré recordando.

A veces siento que la nostalgia va a matarme, vivo recordando el pasado, mirando fotos, leyendo mis diarios y preguntandole cosas a mi familia sobre cómo era de más chica. La verdad es que nunca quise crecer, pero aún así el tiempo se me pasó volando. Yo era esa nena que desde los 3 años lloraba diciendo que nunca quería llegar a ser grande, y acá estoy, llegue a los 19 años.
ResponderBorrarCreo que nuestro paso por la Tierra es tan corto, tan efimero, que lo mejor es genuinamente intentar disfrutarlo. Sé que no es facil, pero es lo que pienso todos los días para intentar que la nostalgia no me consuma. Si en 10 años voy a pensar en mis 19 como ahora pienso en mis 9, quiero que esos recuerdos esten llenos de felicidad y no de "y si hubiera hecho eso?" ... pero a veces se vuelve dificil
Esta bien mirar el pasado pero no vivir anclada en eyl, sólo traje nostalgia. También está bien mirar le futuro y planear pero no vivir obsesionada, eso trae ansiedad. Lo mejor es vivir el presente y disfrutar de lo que uno tiene.
ResponderBorrar