domingo, 29 de marzo de 2026

Domingo de Ramos

 Dios nadie ha sabido mencionarle el nombre.

Yo busqué el nombre de Dios por partes en diferentes lugares, quise vivir en un convento, quise negar el nombre de Dios, quise negar a Dios tres veces y cantó un turpial frente a mi balcón. Quise convertirme en Dios y predicar evangelios azules, versos tristes que no enseñan ni resuellan ni hacen resollar.

¿Quién ha podido pronunciarle el nombre a Dios? ¿Lo conocemos? Si uno no le sabe el nombre a algo no puede conocerlo, La Palabra, el Dios que se hace verbo me despierta a veces el cerebro, me saca del mundo repleto de palabras banales y me adentra en biblias, en Tanajes, en Coránes, en Vedas, en Tripitakas, en salmos miles, en salmos unos, en idiomas inentendibles que aunque comprendiera igual no podrían pronunciarle el nombre a Dios. 


Madre iglesia, ¿Dios es masculino acaso? ¿O por qué huye de mí? Dios creó el cuerpo de la mujer a imagen y semejanza de Él ¿O fue el cuerpo del hombre? Yo padezco de dolores cada mes y me siento aislarme, me siento alejada del nombre de Dios, no me siento imagen ni semejanza, me siento satánica, otro ser, otra carne, imposibilitada de la mano de un Padre.

A Dios no le conozco el nombre, a ningún Dios de ninguna parte del mundo le conozco un nombre. Dios espíritu que pone dones en sus discípulos, me dio el don de la duda, me dio el don de que se me trabe la lengua y no pueda pronunciar su nombre, me dio el don del miedo a los que están hechos a imagen y semejanza suya, a los Hombres con mayúsculas gigantes. 

¿Dónde se busca a Dios entero? ¿Cuántas iglesias y cuántos templos en una ciudad, en un pueblo, hay que pisar para sentir que Dios es más que una palabra, que es más que un nombre, que es más que algo parecido al Hombre, que es más que un creador, que es más que un justiciero, que es más que un ser existente como nosotros, que es más que padre, que es más que hijo, que es más que carne y vino, que es más que biblias y sacramentos y mandamientos y dones y sacrilegios y crucifixiones y resurrecciones y eternidad y amenes y amores y muertes y nombres?

domingo, 22 de marzo de 2026

Deseos de crecer

 Desde muy pequeña jugaba a ser grande, creo que es algo normal, una jugaba a ser mamá, a ser cocinera, a ser doctora, astronauta, bailarina, cantante y actriz. En mi infancia tuve una cantidad excesiva de profesiones que me duraban un día o dos hasta que descubría otra que me llamaba la atención, pensaba constantemente en todas las cosas que podría ser en un futuro, el mundo de posibilidades que tenía por delante y todo lo que podría aprender. 

Cuando tenía diez años me imaginaba mucho cómo sería cuando tuviese la edad que tengo ahora, imaginaba el mismo mundo de posibilidades que pensaba estando más pequeña, y ahora que tengo la edad que tanto esperaba, me causa ternura mi forma inocente de ver el mundo, realmente no soy ni la mitad de lo que quería ser, sigo teniendo dudas todo el tiempo acerca de todo lo que hago, pienso y vivo. He estado rodeada de infancia estos días, he visto juguetes que quería, programas que amaba, juegos que me gustaban y me pregunto en qué momento dejé de tener los comportamientos infantiles que me acompañaron siempre. He leído libros y cuentos que me gustaban hace diez años y es increíble como la vida se escapa de las manos sin que nos demos cuenta, sé que en otros diez años pensaré en lo que soy en este momento y estaré igual de asombrada. Desearía no haberme preguntado tanto qué sería de mí ahora, si estaría estudiando algo que me guste y también me gustaría no haber deseado tanto crecer, pienso que tal vez mi deseo fue tan grande que el tiempo me pasó más rápido de lo normal, ahora no podría jugar ni imaginar el mundo de posibilidades con la misma constancia porque tengo que pararme de la cama o del piso y hacer trabajos, tengo que ir a pagar cosas, tengo que lavar los baños y sé que ya no puedo posponer más casi nada. 

Sin embargo, me gusta tener diecisiete, me gusta poder asomarme por el balcón de mi cuarto y ver las montañas áridas porque ha parado de llover este mes; me gusta salir por las noches (que es el momento del día en el que generalmente estoy desocupada) y sentir el viento suave de la noche que recorre las calles vacías; me gusta saber que aún me queda un poco más de tiempo para mirarme con nostalgia y aún así hacer cosas que me gustan como dibujar o leer. Me gusta haberme reconciliado con quien fui, aquella niña que iba de rosado todo el tiempo, que saltaba por la casa y desorganizaba toda la sala para crear un mundo para sus juguetes, a mí ahora me gusta el verde, soy mucho más tranquila (aunque igual de locuaz) y me la paso en mi cuarto todo el tiempo, pero me reconozco constantemente en esa imagen de mi niñez. Sé que cada día me alejo más de mi infancia y estoy más cerca de ser una adulta, sé que la juventud se me escapará sin darme cuenta y la nostalgia me va a invadir las manos, sé que tendré muchos miedos porque no comprendo la forma tan particular en la que el mundo se mueve y aún así seguiré avanzando, seguiré creciendo, seguiré recordando. 



jueves, 5 de marzo de 2026

Amor de mujer

 Últimamente estoy convencida de que las mujeres son el amor. Mi mamá y mi abuela materna fueron mis primeras figuras de referencia, durante mi infancia fueron las mujeres que más me expresaron su amor hacia mí, luego fueron mis tías y mis primas; el amor de mi papá lo entendí a medida que fui creciendo, no es que no sintiera que no me quisiera, simplemente no me lo demostraba como mis figuras maternas lo hacían y su forma era a la cual yo estaba acostumbrada. Mi papá nunca fue un hombre de decir «te amo» y sé que él tuvo sus razones, también sé que sus razones tienen que ver con otras razones, que a su vez esas razones tienen que ver con un hombre que no supo hacer las cosas bien. 

Luego fueron mis amigas quienes me expresaron el amor, muchas de ellas, heridas por sus padres o por algún otro hombre de su familia, no sabían cómo expresar correctamente su cariño y terminaban haciendo daño. Nunca quise culparlas porque eran niñas y porque ellas en el cariño puro sabían quererme y me sentía querida. Mis primeras heridas en el amor tal vez fueron por un hombre, porque mis amigos hombres nunca supieron consolar llantos o porque malinterpretaban siempre la amistad con otra cosa y después todo se transformaba en una cosa fea y ya no quería saber nada de ellos. 

Desde antes de mi adolescencia hasta ahora me he sentido herida por muchas cosas, tantos problemas con tantas personas me han debilitado un poco el alma pero he tenido claro algo desde los 9 hasta ahora y es que dentro de mi dolor hay razones directas o indirectas que tienen que ver con los hombres. He sido herida como todas las mujeres por un hombre extraño que invadió mi vida con comentarios, con palabras, con miradas y toqueteos asfixiantes que me cambiaron la perspectiva de mi cuerpo y me dieron la bienvenida a un mundo que está hecho para ellos. También me han herido otra vez mis amigos, cuyos pensamientos sobre la inferioridad de la mujer se me han metido en la cabeza con los años y me han enseñado que ser femenina es una inmadurez. Luego vino también la iglesia, la figura de «Dios hombre», de «Dios imponente», del «Dios de y para hombres», la mujer reducida a propiedad de alguien, de su padre, de su hermano o de su esposo, ser mujer de, esposa de, no ser la mujer sola. Vinieron también dolores de amores, porque no me quieren de la forma maternal en la que me quiso mi madre y mi abuela, no me limpiaron las lágrimas como mis amigas, no nos divertimos como lo hice con mis primas, la forma de amor que me enseñaron esos hombres fue el regateo, fue esforzándome para sentirme querida, sentir que debo hacer cosas grandes para ser merecedora de abrazos. Por hombres me alejé de mi significado de amor principal, ese del cuidado y de las palabras, de los actos, los regalos y las caricias, yo di el amor que me enseñaron a dar, pero ellos no me dieron nada. 

Y estos días he estado llena de tantas decepciones (mis amigos, mis familiares hombres, el hombre que me gusta) que ahora me cuesta creer en el amor desde la mirada masculina. Por alguna razón mi búsqueda del amor siempre ha estado puesta en un hombre que pueda quererme como yo quiero, pero ¿Cómo podría haberlo, si es que yo soy una mujer? He tenido el amor en mis manos todo este tiempo y siempre ha sido el amor del útero, y ya no quiero buscar ni tener uno diferente a ese.

Domingo de Ramos

  A  Dios nadie ha sabido mencionarle el nombre. Yo busqué el nombre de Dios por partes en diferentes lugares, quise vivir en un convento, q...